Los tacones de unas botas negras de cuero resonaban por los pasillos de metal de la base rebelde contra la SICG, llamando la atención de aquellos que se paseaban con tranquilidad por los corredores.
A ambos lados del pasillo habían puertas con cerraduras electrónicas, aparatos preparados para evitar la entrada de cualquier intruso, pues había que pasar una tarjeta concreta para entrar en dichas habitaciones. Estaba extremadamente aburrida, además, sentía un ligero cosquilleo en el estómago anunciando que iban siendo horas de comer algo. Tenía bolsas de sangre en su habitación, pero ella prefería otro tipo de sangre. Pasó por delante de un cristal y miró su reflejo, iba perfecta… o casi. Si no fuese por que el corpiño de cuero negro se le aflojaba y tenía que recolocárselo cada dos por tres, iría perfecta: El pelo bien peinado, la falda negra de velos cubriéndole hasta las rodillas, el cinturón un poco flojo, sólo para adornar, pues no lo necesitaba, las manos y los brazos completamente desnudos dejando ver su pálida piel suave y sin imperfecciones, a excepción de unos anillos que llevaba en los dedos índice de cada mano, de plata pura.
Dobló la esquina del pasillo y empezó a escuchar disparos provenientes de la sala de tiro, seguidos de una ligera explosión y una maldición:
-¡Joder! ¡Maldita Hesper! ¡No me vuelvo a dejarme convencer para esto!-La voz era grave y confiada, tal como la de su compañero Darren. Precisamente a quien buscaba Franziska. Fue directa a la sala de tiro, pasando por el monótono pasillo de la base y entrando por una puerta enorme, sin cerradura, la cual desembocaba en una enorme caverna, de más de diez metros de alto, dividida en dos secciones, una por la cual los tiradores cogían sus armas y las municiones necesarias para realizar las prácticas. El único tirador que había en ese momento era el joven nórdico, vestido con un oscuro traje perteneciente a un único complejo de chaleco antibalas. Llevaba el pelo rubio recogido en una coleta que prácticamente le llegaba a media espalda, y la barba algo más poblada de lo habitual, se notaba que no se la había afeitado desde hacía ya tiempo. La sala estaba llena de armeros y cajas metálicas en donde se contenían las municiones, especialmente algunas que hacían de barricada en donde apoyar las armas para poder disparar con soltura. Franziska se empezó a acercar con curiosidad, aunque a medida que avanzaba, empezó a ver cómo el joven nórdico tenía la cara llena de una especie de moco verde, incluyendo el pelo de la frente. Enarcó una ceja. Darren no pareció reparar en ella y, malhumorado, lanzó una mano hacia la bolsa de deportes que había en la caja metálica –que apenas le llegaba a la cintura- y sacó una toalla pequeña de color blanco, algo húmeda por el sudor. Se la llevó a la cara y se limpió el moco frotando con rabia.
-¡No sabía que hoy tenías prácticas!-Comentó alegremente la alemana saludando con la mano sonriendo.
-Y no tengo.-Contestó el joven respondiendo al saludo sin demasiado entusiasmo.-Hesper me convenció para que probase estas municiones.-Se excusó.
-Vaya, ¿Así que esa gelatina que tenías en la cara era de las municiones de Phoenix?-Preguntó rascándose con delicadeza la barbilla.
-Sí.-Afirmó.-Aunque veo que ésta está algo defectuosa…-Completó mientras sacaba de un saquillo que llevaba colgando del cinturón otras balas de un tamaño relativamente pequeño.
-Oh, ya veo…-Observó sus acciones con interés.-Y dime, ¿Tienes algo que hacer después de esto?-Sonrió con picardía.
-No.-Contestó secamente mientras cargaba las balas en el rifle y disparaba.-Bien, estas funcionan perfectamente…-Susurró para sí sacando otras algo más grandes.
-¿Y te falta mucho?-Preguntó, ansiosa por que él se fuese con ella.
-Un poco tal vez… ¿Por?-Preguntó mientras cargaba a duras penas el rifle de asalto. Franziska bufó.
-Nada.-Contestó secamente.
-¿Y solo vienes a la sala de entrenamiento por nada? ¿Me he perdido algo?-Preguntó con sarcasmo mientras fijaba el blanco.
-Bueno… Me aburría.
-Tendrás más cosas que hacer además de venir a verme, ¿No?-Preguntó sin creerla demasiado.
-Y… puede que tenga algo de hambre.-Sonrió mostrando los colmillos. Darren se cruzó de brazos y bufó:
-Olvídate, que luego me dejas seco.-Frunció el ceño y ella, con un tono de voz más inocente, casi suplicó como una niña de tres años pidiendo una golosina:
-Jo... Vengaaa...-Darren no podía resistirse a ella cuando se ponía en ese plan, por lo que terminó por acceder:
-Está bien...-Se bajó un poco la protección del cuello, pero ella lo detuvo.
-Aquí nos puede ver cualquiera.-Sonrió con picardía. Darren dejó el arma en el armero y suspiró quitándose el chaleco, dejando ver los brazos llenos de cicatrices.
-De acuerdo.-Tiró el chaleco al lado de la bolsa de deportes y sacó de ésta una chupa de cuero negra llena de cadenas por la espalda y en los brazos. Guardó el chaleco dentro de la bolsa y sacó a continuación unos brazales con púas que se colocó alrededor de las muñecas y luego se colgó la bolsa, habiéndola cerrado previamente.-¿Vienes?
-¿A qué?-Preguntó la muchacha alegremente.
-A mi habitación primero.-La respuesta pilló por sorpresa a la joven mutada, quien enarcó ambas cejas y asintió.-Después a dar una vuelta... si quieres.-Franziska asintió varias veces.-¡Por mí bien!-Exclamó alegremente agarrándose al brazo del noruego, quien empezó a andar hacia su habitación, cinco pisos por debajo. Durante el camino no hicieron más que hablar sobre qué harían si aquel horror en el que estaban metidos terminase, al igual que, desvariando, acabaron por hablar sobre el desorden de la habitación del noruego, a pesar de que Franziska no había entrado nunca en su habitación.
Al entrar, la muchacha pudo observar que Darren no exageraba al decir que su habitación era una auténtica leonera: Los pósters de los grupos de heavy metal que él escuchaba estaban medio rotos y descolgados por las paredes, en la cama estaba toda la ropa hecha un desastre, arrugada, en el suelo habían numerosos objetos metálicos, sobre todo clavos y púas metálicas...
A la izquierda de la entrada había una estantería llena de discos de música, todos desordenados, algunos incluso abiertos y sin disco dentro. A la derecha de la cama, dando contra la pared, había una estantería con muchos libros, casi todos tratantes sobre las técnicas de lucha sin armas y con éstas, incluyendo armas de fuego, la mayoría también desordenados. Lo único bien cuidado que había era la guitarra eléctrica, al fondo de la estancia, casi como en un santuario a parte. Estaba realmente bien cuidada, la carcasa pulida y brillante, las cuerdas recién cambiadas... Negra, con los bordes metalizados en un dorado casi comparable con el oro. Franziska se acercó al instrumento mientras Darren dejaba la bolsa de deportes encima de la cama con pesadez.
-Bonita guitarra.-Lo felicitó mientras se levantaba, casi maravillada por el estado en el que se encontraba.
-Gracias... Es lo poco que me mantiene al pie del cañón ahora mismo.-Sonrió mirando el instrumento con orgullo.-Bueno...
-Creo recordar que me has invitado a algo, ¿No?-Sonrió poniendo las manos en las bien formadas caderas. Darren asintió y se fue hacia la puerta, diciendo:
-Sí, como ese gañán de Kerrigan haya vuelto a subir los precios, se va a...-Franziska se sentó en la cama cruzando las piernas y carraspeó dirigiéndole una mirada intensa. Darren se rascó la nuca reconociendo el error; no estaba acostumbrado a tratar con ella cuando se trataba de comer o beber.
-Ah... sí... perdona...-Se dirigió hacia ella y se agachó retirándose el pelo rubio y el cuello de la chupa. Franziska le dio una caricia en el cuello, mirando la zona en donde iba a morderle. Suspiró y se agachó sobre su amigo.
Empezó a dirigir su boca hacia el cuello del nórdico y, una vez sus labios entraron en contacto con el cuello de éste, abrió la boca y lo mordió con cuidado, con miedo a hacerle daño. Un escalofrío recorrió la espalda del joven y notó a parte del dolor, cómo la sangre era arrastrada hacia la garganta de la pequeña rebelde mediante la lengua de ésta.
Aunque le desagradó lo que sintió, le gustó esa sensación, cuando la lengua de la muchacha le rodeaba la herida sorbiendo la sangre poco a poco con lentitud. Al cabo de unos minutos, la muchacha se retiró pegándose a la pared, saciada.
-Ya... ya está...-Suspiró respirando forzosamente, con un mechón de pelo pelirrojo cayéndole hasta los labios, llenos de sangre. Se relamió y Darren se levantó.
-¿Sigues teniendo hambre?-Preguntó mientras ella negaba con la cabeza.-Veo que al final no me dejaste seco, ¿eh?
-Sé... sé controlarme.-Dijo aún resoplando, esforzándose por no tirarse encima del joven a morderle de nuevo.
-No muerdo.-Dijo Darren acercándose. Ella se apartó un poco más.
-Pero yo sí...-Dijo mientras seguía pegada a la pared.-Y no quiero hacerte daño.-Concluyó relajándose un poco, pero aún bastante tensa. Darren se encogió de hombros.
-Bueno, si me muerdes algo más no me importará.-Rio mientras se cruzaba de brazos.-Pero yo no aseguro no morder en ese caso. Franziska se rió también, bastante más relajada.
-¿Quieres tomar algo?-Preguntó la muchacha mientras se despegaba de la pared.
-No, si bebo no me controlo...
-Oh, vamos, quid procuo, invito yo.-Sonrió acercándose. Darren acabó por acceder.
A la mañana siguiente le dolería la cabeza.
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Relato por Drazharm
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