Cuando recuperó la conciencia, lo primero que sintió, fue el dolor. Un dolor que comenzaba por la zona de los omoplatos y continuaba bajando hacia la cadera. Se sintió cómo si le hubieran quitado la piel de la espalda a tiras. Pero no sólo eso, sintió que su cuerpo entero ardía, a pesar de que no había fuego en ningún sitio. Se dejó caer hacia delante y se estampó de cara contra el suelo. Le dolió, pero le dio igual. Le dolía más la espalda, además de todo su cuerpo entero. Él mismo se recordó a las mujeres, que, en la Edad Media eran quemadas vivas, acusadas de brujas por la Iglesia. “La Iglesia…” pensó antes de cerrar los ojos. A pesar de que su cuerpo ardía, notó cómo la sangre caliente bajaba de su espalda. Abrió un poco los ojos, lo suficiente para ver una sombra que se cruzó delante de su vista y volvió a desaparecer. No se molestó en girar la cabeza para seguirla.
-Vaya…-dijo una voz masculina.
Alguien le cogió del cuello de la camisa y tiró de él hacia arriba. Parecía que aquel tipo no tenía cara, o si la tenía, la ocultaba muy bien. Inclinó la cabeza hacia delante, volvió a cerrar los ojos y se desmayó.
Joel se despertó en una habitación pequeña, alargada, sin ventanas, con la iluminación de una única bombilla, colgada del techo. Estaba tumbado encima de una cama, pegada a la pared. Al lado de su cama había otra igual, tan cerca, que podía alcanzarla si extendía el brazo. Sobre la otra cama, estaba tumbada otra persona, bocabajo. Tenía vendado todo el torso, pero la venda que estaba por la zona de la espalda estaba llena de sangre. Entre las dos camas había una percha móvil, con ruedas, para poder desplazarla, como las que utilizan en los hospitales. De la percha colgaba una bolsa de sangre, y de la bolsa de sangre salía un cable que la conectaba con el brazo de la otra persona. Como Joel no le veía la cara, ya que estaba mirando hacia el lado contrario, pegó un gritito para ver si estaba consciente. Al parecer sí lo estaba, porque la otra persona se sobresaltó.
-Oye tú…-le dijo Joel, mientras el otro giraba la cabeza lentamente hacia él-¿Se puede saber quién eres? ¿Dónde estamos?
El otro le miró alzando una ceja.
-Lo mismo te pregunto yo a ti.
-¿Eh? ¿Cómo? ¿Tú no sabes quién soy yo y yo no sé quien eres tú? ¿Y estamos en un sitio que no sabemos dónde está?
-A mí no me preguntes, yo tampoco sé nada. Cuando me he despertado ya estaba aquí, igual que tú.
-¿Cómo hemos llegado hasta aquí, entonces?
-Te he dicho que no sé nada…
Joel miró al otro chico un instante. Después empezó a reírse.
-¿Qué?-dijo el otro chico asustado.
-¡Eres rubio! ¡Es la primera vez que veo un rubio con esos pelos tan largos!
-¿Nunca en tu vida has visto un rubio?
-Bueno, sí… Bastantes. Pero con el pelo tan largo no.
-¿No? Pero si hay muchos como yo.
-Pues tú eres el primer rubio con pelo largo que he visto en persona.
-En mi ciudad hay un montón de chicos con el pelo así.
-¿Y cómo se llama tu ciudad?
-Helsinki.
-¿Y dónde está eso?
El otro chico cerró los ojos y suspiró:
-No me digas que no sabes dónde está. ¿A ti te enseñan geografía?
-Eh… Sí, pero en el orfanato no daban mucha geografía… El nombre me suena de algo…
-La capital de Finlandia.
-¡Ah, sí! En mi orfanato no dábamos casi clases geografía. O si las daban, era tan aburrida que me dormía en las clases.
-No creo que necesites dar mucha geografía para saber cual es la capital de tu país…
-¿Mi país? ¡Yo nací en Dinamarca!
-Perdón, no lo sabía… ¿Y qué hacías por allí? ¿Un viaje de fin de curso?
-¿Qué dices? ¿Un viaje de fin de curso? ¿En mi orfanato? ¿Estás loco? ¡Yo estaba allí, tan tranquilamente y llegaron los tíos locos estos de la iglesia y me raptaron!
-¿A ti también te raptaron?
-¿Eh? No me digas que tú también… ¿Te han mutado?
-¿De que te crees que son las heridas que tengo en la espalda? Y mira.-dijo levantando el brazo izquierdo. Lo tenía cubierto de grupitos de pequeñas escamas, repartidas por todo el brazo. Dónde más tenía era por el dorso de la mano, dónde no se veía ni un trocito de piel. Además, sus dedos terminaban en unas garras.
-¿Qué te han hecho? ¿Te han puesto trozos de pájaro?
-Sí, las alas. Pero me empezaron a salir escamas…
-¿Tienes alas?-exclamó Joel emocionado.
- Si te digo la verdad... Preferiría no tenerlas. ¿Y a ti? ¿También te han mutado?
-Por supuesto. Me transformo en demonio cuando me enfado. Jua, jua, jua. Pero no tengo patas de cabra, ni nada de eso cuando no estoy transformado… Vamos, que no tengo marcas de que sea mutante si no estoy transformado, como tú… Pero mira esto.-Joel sonrió y le enseñó la palma de su mano derecha al otro chico. Tenía una especie de quemadura con forma de estrella-¿A qué mola?
-¿Te lo hicieron ellos?
-No, lo tenía desde hace muchos años… Por tocar cosas que no debo.
-¿Qué cosas?
-Productos corrosivos.
El otro chico suspiró y cerró los ojos. Joel clavó la vista en el techo.
-Por cierto, no me has dicho como te llamas…-dijo sin apartar la vista del techo.
-Heikki.
-¿Heikki?-Joel soltó una risita.
-¿Qué pasa? ¿Algún problema con mi nombre?
-No, sólo me hace gracia como suena…
-¿Y tú?
-Joel.
Pasó un rato, no hablaron nada. Joel seguía sin quitar la vista del techo
-Entonces estabas en un orfanato… ¿No tenías familia?-preguntó Heikki.
-Eso pensaba yo… Hasta que me enteré de que mi padre era de la SICG y mi madre había muerto en uno de esos experimentos suyos…
-¿Cómo? ¿Tú padre es uno de ellos?-gritó Heikki con furia.
-¡Sí, sí, pero a mí no me pegues que no tengo culpa! ¡Él me convirtió en demonio y mató a mi madre!
-¿Pero quién es capaz de matar a su mujer y mutar a su hijo?
-Mi padre. Y mucha gente más de la SICG esa, no te creas… ¿Y tú?
-Yo era… Normal. Tenía un padre una madre, y dos hermanos. Al pequeño le están criando hasta que tenga catorce años para mutarle… Y al mayor le están intentando mutar a pesar de que tiene más de veinte.
-Con más de veinte no se puede mutar.
-Ya lo sé. Están buscando la manera, utilizando de rata de laboratorio a mi hermano.
-¿Y tus padres?
-Les mataron. Ahora que me acuerdo… También se llevaron a los de mi banda…
-¿De tu banda? ¿El qué?
-Mis compañeros, de un grupo de música. Nos raptaron a todos.
-¿Tenías un grupo de música? ¿Qué tipo de música era?-dijo Joel, apartando la vista del techo y observando a Heikki. Pantalón negro con cadenas colgando, pelo largo… Adivinar la respuesta no fue muy difícil-¿Jebi? ¿De jebi metal?
-Calla. Así no se pronuncia.-dijo Heikki metiéndose la mano derecha en el bolsillo. Sacó una especie de artilugio formado por una pantalla, una pequeña cámara y un montón de alambres y cables que salían en todas direcciones. Se colocó aquel artilugio en el ojo, como si fuera una cámara de fotos y empezó a girar una pequeña rueda situada en la parte de arriba de la pantalla-Se dice heavy.
-Eso mismo. ¿Y eso que tienes ahí que es?
-No lo sé. No le he puesto nombre. Una especie de telescopio, diría yo.
-¿De dónde lo has sacado?
-Me lo he construido yo. A partir de trozos de móviles rotos.
-¿Sí? ¿Me lo dejas?
-¿Para qué?
-Quiero verlo.
-Ya lo ves desde aquí.
-Pero quiero ver como se ve a través de eso.
-Si no se ve nada. Se ha vuelto a cascar.-Heikki colocó el artilugio encima de la cama y con una mano sólo, empezó a desmontarlo.
-¿Eh? ¿Pero qué haces? ¡Lo estás rompiendo más!
-No. Yo sé lo que hago. Hay un maldito cable que siempre se suelta…
-¿Y distingues el cable que es, entre todo ese lío?
-De sobra. Siempre es el mismo.
Joel se sentó en la cama y se inclinó hacia delante. Él sólo veía cables de colores, pero, Heikki movía y conectaba los cables a una velocidad asombrosa, como si se supiera de memoria los cables que tenía que conectar y desconectar.
-Ya está.-dijo colocándose otra vez el artilugio en el ojo y girando otra vez la rueda. Joel le miró embobado. Heikki dirigió el aparato hacia él-Cuantas pecas tienes…
-¡Oye! ¿Hay algún problema con mis pecas?-dijo Joel colocando sus manos en las mejillas, el lugar dónde tenía más pecas.
-Las veo tan grandes que parece que tienes más… ¿Qué te pasa en los ojos? Uno lo tienes negro y otro marrón.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a nadie con un ojo de cada color?-Heikki negó-Igual que yo con los fineses rubios y de pelo largo. ¿Quieres dejar de mirarme ya con eso?-dijo Joel nervioso, tapando la pantalla del artilugio.
-Sigo viendo.-Joel gruñó y tapó la cámara-Vaya…
-¡Ja! ¿A que ahora no ves?-Heikki suspiró y se guardó su artilugio en el bolsillo-Bueno, yo voy a ir a ver dónde estamos por lo menos… Que ahí hay una puerta…-dijo señalando la puerta que había, en la misma pared a la que estaba pegada su cama. Esperó a que Heikki dijera algo, pero al ver que ni abría la boca continuó:-Puedes venir tú también.
-Yo no voy. Creo que no puedo ni levantarme. Me duele la espalda. Además, ¿dónde voy con la cosa esta enchufada a mi brazo?-dijo señalando la percha.
-La cosa esa tiene ruedas.
-Pero me duele la espalda cuando estiro la piel. Y manteniéndome de pie, ya estoy estirando la piel.
-Pues ahí te quedas, yo me voy. A mí me daría vergüenza quedarme quieto cuando hay dos hermanos esperando a que yo les rescate…-esperó que Heikki cayera en la trampa para que fuera con él, pero éste le ignoró y volvió a sacar su maquinita de su bolsillo-Eso, eso… Ahí te quedas…-dijo Joel, abriendo la puerta. Se quedó en el umbral de la puerta, esperando a que Heikki dijera algo, pero él seguía con su artilugio. Joel le miró con los ojos entrecerrados y salió al exterior. La habitación de la que había salido estaba en el medio de un largo y estrecho pasillo, sin ventanas, iluminado con bombillas, igual que la habitación. Pudo observar que por un lado no había salida, así que se dirigió hacia el otro. Había puertas iguales a las que él había salido repartidas por todo el pasillo. Cuando llegó al final del pasillo, alguien le golpeó fuertemente en el hombro, lo que le hizo retroceder.
-¡Eh!-se quejó Joel. La persona que le había empujado le observó con los ojos entrecerrados. Era un hombre negro, bastante alto, con el pelo corto y rizado. Después de haberle observado se llevó una mano a la oreja, donde tenía una especie de auricular con un pequeño micrófono y habló:
-Mutante, ya se ha despertado uno de los que habéis traído.-dijo.
-El jebi rubio también se ha despertado.-dijo Joel.
El hombre le miró enfadado.
-Se han despertado los dos…
-Rickon… El de Darren no funciona.-una voz aguda salió del auricular que el hombre llevaba en la oreja. El hombre ya no parecía tan enfadado-Le he puesto su trasmisor al mío. Voy a avisarle. Y a Franzis también.
El hombre pareció enfadado otra vez:
-Sí sí, avisa a los mutantes…-se cruzó de brazos, volvió a mirar a Joel con los ojos entrecerrados, y después miró al techo. Joel le miró con una ceja alzada-¡Mutante! ¿Quieres apartarte de mi vista?-gruñó.
-¿Eh? ¿Por qué no te apartas tú de la mía?-dijo Joel sin entender muy bien, porque el hombre decía eso. Le miró más enfadado que antes aún.
-Escoria…-murmuró. Y volvió a mirar al techo. Joel le miró otra vez con una ceja alzada, como si no entendiera el comportamiento de aquel hombre-Os creéis superiores porque tenéis poderes… ¿Qué miras?-dijo mirando otra vez a Joel.
-Nada.-dijo Joel encogiéndose de hombros.
-¡Vuelve a tu habitación!-dijo el hombre negro dándole un empujón en el hombro. Joel se frotó el brazo y comenzó a caminar por el pasillo otra vez. Se dio cuenta de que todas las habitaciones eran iguales, así que fue mirando una por una. Por suerte, estaban todas vacías.
-¿Qué haces?-le gritó el hombre negro.
-Intentando encontrar mi habitación.
El hombre bufó y volvió a mirar al techo. Pasaron dos minutos hasta que encontró la habitación dónde estaba Heikki.
-¿Ya estás aquí? Si que has durado poco…-le dijo, mientras toqueteaba los cables de su artilugio otra vez.
-Hay un negro que no me deja pasar. Y me ha hecho daño.
Heikki se colocó el artilugio en el ojo por enésima vez, y volvió a girar la ruedecita. Después, se lo tendió a Joel.
-Sujétalo. Voy a intentar sentarme al menos en la cama…
Joel lo cogió ilusionado.
-¿Puedo mirar?-Heikki asintió. Joel se puso el artilugio en el ojo y miró hacia la bolsa de sangre que colgaba de la percha-¡Cómo mola!-gritó al ver como una gota de sangre goteaba de la bolsa, antes de caer al cable. Cuando la gota cayó del todo, Joel se llevó tal susto que apartó el artilugio de su ojo, ya que se veía tan grande que le pareció casi real.
-La ruedecita de arriba es el zoom.-le dijo Heikki. Joel se volvió a colocar el artilugio en el ojo, giró la ruedecita y la dirigió hacia el pelo de Heikki. Aumentó tanto el zoom que, un pelo parecía igual de grueso que una columna griega. Joel soltó una carcajada.
-Vaya pelos que tienes… Oye, esto viene muy bien para ver quien tiene piojos…
-Yo no voy mirando las cabezas de la gente para ver si tienen piojos…
-Ya, pero viene bien, digo. Cuando veas a alguien que se rasca la cabeza, te pones esto y le espías. Si ves bichitos te alejas.
Heikki le ignoró y levantó todo su cuerpo con los brazos, lentamente. Deslizó los pies hacia un lado y se dejó caer, para sentarse del todo. Gritó y echó la espalda lo más atrás que pudo, pero sin llegar a tumbarse. Joel se asustó otra vez, y casi se le cae el aparato.
-Pero vaya grito que has dado…
-Ay, ay, ay. Me duele. No tendría que haberme levantado…
Joel miró hacia todos lados con el aparato. Estaba mirando atentamente el óxido que había en la puerta de hierro, que, cuando se abrió de repente, se sobresaltó otra vez. Entró una chica con patines.
-¡Dame eso que al final se te cae y lo escacharras más!-gritó Heikki. Joel soltó el aparato encima de la cama de Heikki sin perder de vista a la chica. Ésta se asomó al pasillo y volvió a entrar junto a otras dos personas, otra chica y un chico. El chico tenía un auricular, parecido al que tenía el hombre negro de fuera, peor lo levaba en la mano.
-Son estos ¿no?-dijo la chica de los patines.
-Sí-dijo la otra chica, pelirroja y bastante alta.
-¿Vosotros sois amigos de ése que está fuera? ¿Sabéis dónde estamos?-dijo Joel.
-Sí, veníamos a explicáoslo, precisamente… Nosotros os encontramos.-dijo el chico-Estábamos rastreando una zona y os encontramos.
-¿Eh? Cuéntalo todo desde el principio.
-Vosotros ya sabéis todo lo que está pasando. ¿Verdad? La SICG y toda esta historia…-al ver que los dos chicos asintieron, continuó-Bien. Nosotros somos como una especie de rebelión. La fuerza contraria a ella. Atacamos sus bases, destruimos sus armas, liberamos a sus prisioneros… Que además están mutados…
-Vale, vale. Quieres que nos unamos a la rebelión. ¿No es así?-cortó Joel.
-Creo que no tenéis más remedio. Si os dejamos ir puede que la SICG os encuentre y os torturarán hasta que confeséis dónde está nuestra base. Y eso os perjudica a vosotros y a nosotros.
-Yo me iba a unir de todas formas.-dijo Heikki.
-¿Te unes así, sin más?-dijo Joel.
-¿Sin más? Son contrarios a la SICG. Eso ya me sirve de sobra para unirme
-¿Y tú?-preguntó el chico a Joel.
-Yo también. Me da lo mismo… Y si me ayudáis a vengarme de mi padre mejor. Es de la SICG.-terminó Joel antes de que alguien le preguntara-Mató a mi madre.
-Dos miembros más.-sonrió-Mi nombre es Darren, y ellas dos son Franziska y Hesper.-Franziska ladeó la cabeza y Hesper asintió mientras se llevaba la mano derecha al auricular que llevaba en la oreja-¿Y vosotros?
-Heikki.
-Joel.
-¿Sois mutados, verdad? ¿Qué poderes tenéis?
-Oye, Darren.-interrumpió Hesper-Te están llamando por aquí. Tenemos otra misión.
-Maldita sea. Siempre me llaman cuando se me rompe.-dijo Darren señalando el micrófono y el auricular que llevaba en las manos. -Se me rompió en la última misión.
-Trae eso.-dijo Heikki quitándoselo de las manos.
-Don maquinitas.-dijo Joel.
-Hubo una explosión, me caí, y se rompió.
-“Bum”-repitió Hesper-Voy yo en tu lugar, a ver que quieren estos ahora… Os dejo el trasmisor, por si acaso… Don maquinitas… digo, Heikki lo arregla.-Hesper le dio a Darren un pequeño chip que sacó de su auricular y Joel soltó una carcajada. Heikki actuó como si no hubiera escuchado nada, y empezó a desmontar el auricular. Hesper salió patinando de la habitación.
-Ahora que me fijo, tú también eres rubio.-le dijo Joel a Darren.
-Eso era mi comida.-dijo Franziska, antes de que Darren contestará a Joel, señalando la bolsa de sangre que colgaba de la percha. Joel la miró con los ojos muy abiertos y Heikki levantó la vista del auricular, transformado en alambres.
-Franzis, ya has comido.-dijo Darren suspirando-Y tenemos muchísimas bolsas como esa.
-Pero son mías. Es mi comida.
-Ya lo sé, pero cuando las necesitamos…
-¿Comes… bebes sangre? ¿Eres una vampiresa?-preguntó Joel.
-Algo parecido… Y tú.-dijo señalando a Heikki-Menos mal que cuando te encontré no tenía hambre.
Heikki abrió mucho los ojos, pero no dijo nada.
-Estábamos explorando una zona., y os encontramos a los dos. Primero te encontramos a ti.-dijo Darren mirando a Joel-Yo decidí llevarte a la base, pero Franziska siguió explorando. Entonces se encontró contigo-miró a Heikki-Y me llamó. Os trajimos a los dos aquí.
-¿Me… encontraste tú primero?-dijo Heikki mirando a Franziska-Pero yo recuerdo una voz de hombre…
-¿Voz de hombre? ¿Tengo voz de hombre?-preguntó Franziska extrañada-Además, yo no hablé mucho, solamente hablé para avisar a Darren.
-¡No! No eras tú. Era un hombre vestido de negro.
-Ahora que lo dices, creo que yo también lo vi. Antes de desmayarme.-dijo Joel.
-¿Un hombre vestido de negro?-dijo Darren-Puede que haya sido Hakkun…
-Sí, dijo que también iba a explorar por esa zona…-afirmó Franziska.
-Además, que estos dos estén por esa zona es un poco sospechoso…
-Y que vaya el mismísimo Hakkun a explorar, tampoco es coincidencia…
-¿Pero quién es Hakkun?-preguntó Joel.
-Nuestro líder. Probablemente os encontró y os llevó más atrás, para que nosotros os encontráramos… Pero él no suele hacer muchas misiones, si estaba rastreando esa zona…
-Eso significa que hay una base de la SICG cerca. Y una grande, con laboratorios, de dónde se han escapado ellos dos.-aclaró Franziska.
-Puede… ¿Sois mutados, verdad?
-Claro que sí.-dijo Joel.
-¿Y vuestros poderes?
Joel enmudeció de repente. Heikki levantó la vista del auricular y habló:
-Yo… Cuando me enfado me salen alas, pero no me controlo. También puede crear fuego, pero no puedo dirigirlo ni apagarlo.
-Por eso tienes esas heridas en la espalda… De las alas.-dijo Darren. Heikki asintió-¿Y tú?-dijo mirando a Joel.
-A veces puedo leer mentes. Y yo también me transformo cuando me enfado. En una especie de demonio negro. Y también puedo invocarlos, a los demonios, digo.
-¿Puedes invocar demonios? Eso no me lo habías dicho…-dijo Heikki.
-Tú tampoco me habías dicho lo del fuego…
-¿Porqué no invocas a Satanás o a Lucifer y terminamos antes con todo esto? Además, estamos luchando contra la Iglesia…
-Y tú serás el primer jebi rubio que se presentará para el sacrificio ¿Verdad?
-¿Necesitas sacrificios para invocarles?
-A todos no, pero para Satanás o Lucifer… Me parece que sí. Y bastantes. Toda la humanidad, probablemente. –Dijo Joel haciendo aspavientos-Vaya cosas que se te pasan a ti por la cabeza…
-Ya está. Arreglado.-dijo Heikki tendiéndole el auricular a Darren-Tiene rota la pieza que sirve para sujetarlo a la oreja, pero yo creo que al menos funciona.
-También se puede pedir otro nuevo…-dijo Franziska mientras Darren colocaba el pequeño chip dentro del auricular.
-Probando… ¿Hesper, me oyes?
-Perfectamente.-Se oyó una voz aguda que salía del auricular-Espera, que ya estoy allí…
-¿Ya estás aquí?-preguntó Darren sin saber muy bien a lo que se refería.
La puerta se abrió de repente, y apareció Hesper, cargada con bolsos y mochilas, un rifle, y hasta algo que parecía una bomba atado en el cinturón.
-¿Dónde vas con eso?-gritó Darren al verla.
-Tenemos una misión. Ha dicho el jefe que nos llevemos a estos dos también.-dijo mientras señalaba a Heikki y a Joel.
-¿A ellos dos? Pero son nuevos. No sabemos las habilidades que tienen… Es demasiado pronto para mandarles a una misión.-dijo Franziska.
-No sé. Lo ha dicho el jefe.-repitió Hesper-Espero que sea una misión que no sea muy importante…
-¿Y si no es muy importante, porqué llevas todo eso?-preguntó Darren.
-¡Darren! ¡Dame un abrazo!-gritó mientras caminaba hacia él con los brazos extendidos.
-¡No, no, no, no! ¡Aléjate!
Hesper y Joel soltaron una carcajada. Hesper miró a Joel con mala cara.
-¿Prefieres que te abrace a ti?-le dijo.
-No, no, no… No me gusta que me abracen…-dijo Joel nervioso.
-Vamos a enterarnos de que va la misión… Tendremos que salir cuanto antes, mejor. ¿No, Hesper?
Hesper asintió y salió patinando por el pasillo. Los demás la siguieron, pero a cierta distancia de seguridad, por si acaso.
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Relato por LuzOscura 13
miércoles, 14 de enero de 2009
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