Los tacones de unas botas negras de cuero resonaban por los pasillos de metal de la base rebelde contra la SICG, llamando la atención de aquellos que se paseaban con tranquilidad por los corredores.
A ambos lados del pasillo habían puertas con cerraduras electrónicas, aparatos preparados para evitar la entrada de cualquier intruso, pues había que pasar una tarjeta concreta para entrar en dichas habitaciones. Estaba extremadamente aburrida, además, sentía un ligero cosquilleo en el estómago anunciando que iban siendo horas de comer algo. Tenía bolsas de sangre en su habitación, pero ella prefería otro tipo de sangre. Pasó por delante de un cristal y miró su reflejo, iba perfecta… o casi. Si no fuese por que el corpiño de cuero negro se le aflojaba y tenía que recolocárselo cada dos por tres, iría perfecta: El pelo bien peinado, la falda negra de velos cubriéndole hasta las rodillas, el cinturón un poco flojo, sólo para adornar, pues no lo necesitaba, las manos y los brazos completamente desnudos dejando ver su pálida piel suave y sin imperfecciones, a excepción de unos anillos que llevaba en los dedos índice de cada mano, de plata pura.
Dobló la esquina del pasillo y empezó a escuchar disparos provenientes de la sala de tiro, seguidos de una ligera explosión y una maldición:
-¡Joder! ¡Maldita Hesper! ¡No me vuelvo a dejarme convencer para esto!-La voz era grave y confiada, tal como la de su compañero Darren. Precisamente a quien buscaba Franziska. Fue directa a la sala de tiro, pasando por el monótono pasillo de la base y entrando por una puerta enorme, sin cerradura, la cual desembocaba en una enorme caverna, de más de diez metros de alto, dividida en dos secciones, una por la cual los tiradores cogían sus armas y las municiones necesarias para realizar las prácticas. El único tirador que había en ese momento era el joven nórdico, vestido con un oscuro traje perteneciente a un único complejo de chaleco antibalas. Llevaba el pelo rubio recogido en una coleta que prácticamente le llegaba a media espalda, y la barba algo más poblada de lo habitual, se notaba que no se la había afeitado desde hacía ya tiempo. La sala estaba llena de armeros y cajas metálicas en donde se contenían las municiones, especialmente algunas que hacían de barricada en donde apoyar las armas para poder disparar con soltura. Franziska se empezó a acercar con curiosidad, aunque a medida que avanzaba, empezó a ver cómo el joven nórdico tenía la cara llena de una especie de moco verde, incluyendo el pelo de la frente. Enarcó una ceja. Darren no pareció reparar en ella y, malhumorado, lanzó una mano hacia la bolsa de deportes que había en la caja metálica –que apenas le llegaba a la cintura- y sacó una toalla pequeña de color blanco, algo húmeda por el sudor. Se la llevó a la cara y se limpió el moco frotando con rabia.
-¡No sabía que hoy tenías prácticas!-Comentó alegremente la alemana saludando con la mano sonriendo.
-Y no tengo.-Contestó el joven respondiendo al saludo sin demasiado entusiasmo.-Hesper me convenció para que probase estas municiones.-Se excusó.
-Vaya, ¿Así que esa gelatina que tenías en la cara era de las municiones de Phoenix?-Preguntó rascándose con delicadeza la barbilla.
-Sí.-Afirmó.-Aunque veo que ésta está algo defectuosa…-Completó mientras sacaba de un saquillo que llevaba colgando del cinturón otras balas de un tamaño relativamente pequeño.
-Oh, ya veo…-Observó sus acciones con interés.-Y dime, ¿Tienes algo que hacer después de esto?-Sonrió con picardía.
-No.-Contestó secamente mientras cargaba las balas en el rifle y disparaba.-Bien, estas funcionan perfectamente…-Susurró para sí sacando otras algo más grandes.
-¿Y te falta mucho?-Preguntó, ansiosa por que él se fuese con ella.
-Un poco tal vez… ¿Por?-Preguntó mientras cargaba a duras penas el rifle de asalto. Franziska bufó.
-Nada.-Contestó secamente.
-¿Y solo vienes a la sala de entrenamiento por nada? ¿Me he perdido algo?-Preguntó con sarcasmo mientras fijaba el blanco.
-Bueno… Me aburría.
-Tendrás más cosas que hacer además de venir a verme, ¿No?-Preguntó sin creerla demasiado.
-Y… puede que tenga algo de hambre.-Sonrió mostrando los colmillos. Darren se cruzó de brazos y bufó:
-Olvídate, que luego me dejas seco.-Frunció el ceño y ella, con un tono de voz más inocente, casi suplicó como una niña de tres años pidiendo una golosina:
-Jo... Vengaaa...-Darren no podía resistirse a ella cuando se ponía en ese plan, por lo que terminó por acceder:
-Está bien...-Se bajó un poco la protección del cuello, pero ella lo detuvo.
-Aquí nos puede ver cualquiera.-Sonrió con picardía. Darren dejó el arma en el armero y suspiró quitándose el chaleco, dejando ver los brazos llenos de cicatrices.
-De acuerdo.-Tiró el chaleco al lado de la bolsa de deportes y sacó de ésta una chupa de cuero negra llena de cadenas por la espalda y en los brazos. Guardó el chaleco dentro de la bolsa y sacó a continuación unos brazales con púas que se colocó alrededor de las muñecas y luego se colgó la bolsa, habiéndola cerrado previamente.-¿Vienes?
-¿A qué?-Preguntó la muchacha alegremente.
-A mi habitación primero.-La respuesta pilló por sorpresa a la joven mutada, quien enarcó ambas cejas y asintió.-Después a dar una vuelta... si quieres.-Franziska asintió varias veces.-¡Por mí bien!-Exclamó alegremente agarrándose al brazo del noruego, quien empezó a andar hacia su habitación, cinco pisos por debajo. Durante el camino no hicieron más que hablar sobre qué harían si aquel horror en el que estaban metidos terminase, al igual que, desvariando, acabaron por hablar sobre el desorden de la habitación del noruego, a pesar de que Franziska no había entrado nunca en su habitación.
Al entrar, la muchacha pudo observar que Darren no exageraba al decir que su habitación era una auténtica leonera: Los pósters de los grupos de heavy metal que él escuchaba estaban medio rotos y descolgados por las paredes, en la cama estaba toda la ropa hecha un desastre, arrugada, en el suelo habían numerosos objetos metálicos, sobre todo clavos y púas metálicas...
A la izquierda de la entrada había una estantería llena de discos de música, todos desordenados, algunos incluso abiertos y sin disco dentro. A la derecha de la cama, dando contra la pared, había una estantería con muchos libros, casi todos tratantes sobre las técnicas de lucha sin armas y con éstas, incluyendo armas de fuego, la mayoría también desordenados. Lo único bien cuidado que había era la guitarra eléctrica, al fondo de la estancia, casi como en un santuario a parte. Estaba realmente bien cuidada, la carcasa pulida y brillante, las cuerdas recién cambiadas... Negra, con los bordes metalizados en un dorado casi comparable con el oro. Franziska se acercó al instrumento mientras Darren dejaba la bolsa de deportes encima de la cama con pesadez.
-Bonita guitarra.-Lo felicitó mientras se levantaba, casi maravillada por el estado en el que se encontraba.
-Gracias... Es lo poco que me mantiene al pie del cañón ahora mismo.-Sonrió mirando el instrumento con orgullo.-Bueno...
-Creo recordar que me has invitado a algo, ¿No?-Sonrió poniendo las manos en las bien formadas caderas. Darren asintió y se fue hacia la puerta, diciendo:
-Sí, como ese gañán de Kerrigan haya vuelto a subir los precios, se va a...-Franziska se sentó en la cama cruzando las piernas y carraspeó dirigiéndole una mirada intensa. Darren se rascó la nuca reconociendo el error; no estaba acostumbrado a tratar con ella cuando se trataba de comer o beber.
-Ah... sí... perdona...-Se dirigió hacia ella y se agachó retirándose el pelo rubio y el cuello de la chupa. Franziska le dio una caricia en el cuello, mirando la zona en donde iba a morderle. Suspiró y se agachó sobre su amigo.
Empezó a dirigir su boca hacia el cuello del nórdico y, una vez sus labios entraron en contacto con el cuello de éste, abrió la boca y lo mordió con cuidado, con miedo a hacerle daño. Un escalofrío recorrió la espalda del joven y notó a parte del dolor, cómo la sangre era arrastrada hacia la garganta de la pequeña rebelde mediante la lengua de ésta.
Aunque le desagradó lo que sintió, le gustó esa sensación, cuando la lengua de la muchacha le rodeaba la herida sorbiendo la sangre poco a poco con lentitud. Al cabo de unos minutos, la muchacha se retiró pegándose a la pared, saciada.
-Ya... ya está...-Suspiró respirando forzosamente, con un mechón de pelo pelirrojo cayéndole hasta los labios, llenos de sangre. Se relamió y Darren se levantó.
-¿Sigues teniendo hambre?-Preguntó mientras ella negaba con la cabeza.-Veo que al final no me dejaste seco, ¿eh?
-Sé... sé controlarme.-Dijo aún resoplando, esforzándose por no tirarse encima del joven a morderle de nuevo.
-No muerdo.-Dijo Darren acercándose. Ella se apartó un poco más.
-Pero yo sí...-Dijo mientras seguía pegada a la pared.-Y no quiero hacerte daño.-Concluyó relajándose un poco, pero aún bastante tensa. Darren se encogió de hombros.
-Bueno, si me muerdes algo más no me importará.-Rio mientras se cruzaba de brazos.-Pero yo no aseguro no morder en ese caso. Franziska se rió también, bastante más relajada.
-¿Quieres tomar algo?-Preguntó la muchacha mientras se despegaba de la pared.
-No, si bebo no me controlo...
-Oh, vamos, quid procuo, invito yo.-Sonrió acercándose. Darren acabó por acceder.
A la mañana siguiente le dolería la cabeza.
----
Relato por Drazharm
sábado, 24 de enero de 2009
viernes, 16 de enero de 2009
Capitulo 3: Problemas
Hesper asintió y comenzó a sacar pequeños artefactos de su mochila.
- ¿Ahora por dónde Franzis? – volvió a decir Darren.
- Ahora es seguir todo recto y torcer a la derecha. Allí hay una puerta blindada y con pinta de ser muy gruesa -
- Vamos que no la vamos a poder abrir… - dijo Joel mirando al suelo.
- No estés tan seguro Joel, contamos con nuestra querida Hesper que con todo puede – replicó Darren.
- Tal vez esa puerta tenga algún circuito integrado y se puede abrir con una contraseña.- intervino Heikki pensativo.
Cundo giraron a la derecha vieron la puerta y justo delante suya había un guardia vigilando, con cara de pocos amigos.
Dieron marcha atrás rápidamente y se quedaron en la esquina.
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Joel temeroso.
- Pues tenemos dos opciones, o cargárselo o… cargárselo. No nos queda otra. – rió Darren.
- Ah, creo que se me ha ocurrido algo. Aunque es un poco tonto, pero a lo mejor sirve.- replicó Joel entre risas.
- Haber que va a hacer este… - suspiró Heikki.
Tras decir eso, Joel salió pitando de detrás de la esquina y se puso en medio del pasillo llamando al guardia.
- ¿Pero este chico es tonto? – preguntó Franziska con cara de asombro.
- Es un masoca el chaval déjale – volvió a decir Darren entre risas.
- ¿Y esa era su idea? – preguntó Hesper mirando fijamente a Joel.
El guardia que estaba de espaldas al oír la voz de Joel se giró rápidamente.
- Eh tu niño ¡¿Qué haces aquí?!- gritó el guardia furioso.
Cuándo Joel vio que el guardia se le acercaba empezó a correr rápidamente hasta que llegó a la esquina donde estaban todos.
- Muy bien y ¿ahora qué? Lo has traído aquí para que nos descubra a todos. – le regañó Franziska.
De repente un ruido de cristal sonó en el pasillo por donde venía el guardia. En el suelo estaba el pequeño artilugio de Heikki, y el guardia lo había pisado y se había partido en varios trocitos.
- ¡Aaaah! Mi invento – gritó Heikki y salió pitando de la esquina para ir a recogerlo.
- Ala venga otro listo… - dijo cansada Franziska.
Heikki corrió tan rápido que no le dio tiempo a ver al guardia que se abalanzaba sobre él y se chocaron bruscamente dándose un gran golpe en la cabeza. Los dos cayeron al suelo inconscientes.
- Vaya cabeza mas dura que tiene el Heikki... - dijo Joel asombrado.
El guardia no volvió a levantar y Heikki abrió los ojos y se empezó a levantar lentamente.
- ¿Tú has visto la qué has armado? – le dijo Hesper a Joel.
- Pero miradlo por el lado bueno, ya nos hemos quitado del medio al guardia. – rió Joel.
- Y tenias que coger mi invento, ahora se ha vuelto a romper – gruñó Heikki.
- Bueno, bueno a calmarse todo el mundo que al final el chaval ha servido de algo – respondió Darren mientras se dirigía hacia la puerta.
Heikki se levantó tembloroso y contempló su pequeño inventó con ojos tristes.
-¿Éstas bien? – le preguntó Franziska.
- Si, por suerte… Lo malo es esto que se ha vuelto a romper.-
- Lo siento tío – le sonrió Joel
Heikki le miró y al rato le devolvió una pequeña sonrisa más bien forzada.
- Heik ven aquí y dime si puedes hacer algo con esta puerta.- intervino Darren
Heikki se adelantó y empezó a observar todo cuidadosamente sin tocar nada.
- Me da qué esta puerta tiene un mecanismo muy sencillo, la puedo abrir pero tardaré un poco.-
- No tenemos mucho tiempo…- dudó Darren
- ¿Y tú Hesper? ¿Puedes hacer algo con la puerta?-
- Pues poder sí que puedo, pero no creo que salgamos muy bien parados, este pasillo es muy pequeño y las bombas que me quedan son demasiado potentes para un sitio tan estrecho. Además, no tenemos muchos sitios donde escondernos ni nada con lo que cubrirnos.-
- Pues no queda otra que esperar a que Heikki la abra…- dijo Darren apoyándose en la pared.
- Lo malo es que se vuelva a despertar el guardia – replicó Joel
- Si eso puede ser un problema, pero tú no vuelvas a hacer ninguna locura como la de antes o será peor – bufó Franziska con mirada asesina.
- Cuando pones esa cara me das miedo…- susurró Joel asustado.
- Franzis deja al chaval, ya madurará – rió Darren
Tras varios minutos de espera, un sonido metálico procedente de la puerta llamó la atención de todos.
- Me parece que ya está – indicó Heikki
Tras decir eso, juntó unos pequeños cables y la puerta comenzó a abrirse lentamente con un sonido chirriante.
- Heikki eres un genio – sonrió Darren
- No es nada –
Tras la puerta había una sala de grandes dimensiones con una gran cúpula en el techo y varios artilugios extraños en las paredes. No había mueble alguno, solo un par de maquinas desconocidas y varios ordenadores. Nadie la habitaba…
- Esto me huele muy mal – dijo Hesper
- ¿Muy mal? ¿Por qué? – se interesó Joel
- ¿No ves? No hay nadie en esta sala, y la puerta de delante está cerrada. O saben que estamos aquí y nos han hecho perder el tiempo o son unos aficionados…- replicó Franzis
- Vale, aquí no está el ordenador central, pero puede que más adelante por la siguiente puerta sí. Aunque esto también me da mala espina – intervino Darren
- Hombre si aquí hay ordenadores quiere decir que el ordenador central no debe estar muy lejos, porque estarán conectados a la misma red – explicó Joel
- Anda mírale, si algo sí que sabe – rió Franziska
- Claro, yo de ordenadores soy un experto – sonrió Joel
- A lo mejor esta otra puerta se puede tirar abajo con una de mis bombas – intervino Hesper observando la puerta. – Además esta habitación es mucho más amplia –
Todos rodearon a Hesper mientras preparaba su pequeño artilugio. Tras varios segundos terminó la bomba.
- Esto ya está, le he puesto un pequeño temporizador para darnos tiempo a escondernos tras algo. No creo que arme mucho escándalo. –
Todos comenzaron a moverse y a esconderse tras alguna estantería o tras alguna pared.
- ¿Cuántos segundos has puesto? – preguntó Joel
- Pocos, deben de quedar unos 3 o 4 –
- ¿Y cómo puedes estar tan segura de … - Joel no pudo terminar la frase porque un gran estruendo le interrumpió y la habitación se llenó de una gran polvareda.
- A pues… tenías razón – tosió Joel apartándose el polvo de la cara.
Cuando el polvo se esfumó del todo, Hesper quedó asombrada con lo que vio. La puerta estaba intacta, no tenía ningún rasguño. La pared de alrededor se había roto y magullado pero la puerta estaba totalmente limpia.
-¿¿Qué?? No puede ser, mi bomba tendría que haberla destrozado. ¿Cómo es posible? – exclamó Hesper.
- Que raro… - susurró Heikki
- ¿Sabes lo que quiere decir eso? Que esa puerta guarda algo importante, y si Joel tiene razón y el ordenador central está conectado a la misma red que estos, tiene que estar detrás de esa puerta – intuyó Darren
- Pero y ¿Cómo la abrimos? – preguntó Franziska, pero calló enseguida al ver que un agudo sonido de alarma comenzaba a sonar.
- Ups, eso ha debido de ser por el temblor de la bomba. Se habrá activado el sistema de seguridad. – dijo Hesper mirando hacia el techo.
- Pues menuda escandalera, haber ahora que hacemos. - replicó Franziska.
- No os preocupéis, tengo un aparato por aquí que puede servir. – intervino Heikki buscando algo en sus bolsillos. Sacó un pequeño llavero azul con un botón en el centro, lo pulsó y de inmediato la alarma quedó silenciada.
- Este “don maquinitas” es increíble – sonrió Hesper
- Bueno esto nos ha dado más tiempo, no creo que nos descubran ahora que la alarma se ha parado. Pero tenemos que buscar otro método de abrir la puerta – dijo pensativo Darren
- ¿Heikki crees que puedes?-
- No sé, esta puerta es distinta a la anterior. Tiene un mecanismo que solo se puede desactivar desde dentro o… -
- O… a través de otro ordenador conectado a la misma red – rió Joel
- ¿Joel tu puedes hacer eso?- preguntó ansioso Darren
- Con la ayuda de don maquinitas creo que podré –
- ¿Con mi ayuda? – respondió el aludido.
- Sí, necesito tu ayuda para que conectes la red de uno de estos ordenadores al mando de control de la puerta. Así podre acceder al sistema y a la clave de acceso para poder abrirla. Vamos, creo que con eso será suficiente –
- Bueno Joel, esta es tu gran oportunidad de demostrar a los demás que vales de algo chaval – rió Darren – así que no la cagues –
- No te preocupes, esto está chupado -
----
Relato publicado por: Ale13
- ¿Ahora por dónde Franzis? – volvió a decir Darren.
- Ahora es seguir todo recto y torcer a la derecha. Allí hay una puerta blindada y con pinta de ser muy gruesa -
- Vamos que no la vamos a poder abrir… - dijo Joel mirando al suelo.
- No estés tan seguro Joel, contamos con nuestra querida Hesper que con todo puede – replicó Darren.
- Tal vez esa puerta tenga algún circuito integrado y se puede abrir con una contraseña.- intervino Heikki pensativo.
Cundo giraron a la derecha vieron la puerta y justo delante suya había un guardia vigilando, con cara de pocos amigos.
Dieron marcha atrás rápidamente y se quedaron en la esquina.
- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Joel temeroso.
- Pues tenemos dos opciones, o cargárselo o… cargárselo. No nos queda otra. – rió Darren.
- Ah, creo que se me ha ocurrido algo. Aunque es un poco tonto, pero a lo mejor sirve.- replicó Joel entre risas.
- Haber que va a hacer este… - suspiró Heikki.
Tras decir eso, Joel salió pitando de detrás de la esquina y se puso en medio del pasillo llamando al guardia.
- ¿Pero este chico es tonto? – preguntó Franziska con cara de asombro.
- Es un masoca el chaval déjale – volvió a decir Darren entre risas.
- ¿Y esa era su idea? – preguntó Hesper mirando fijamente a Joel.
El guardia que estaba de espaldas al oír la voz de Joel se giró rápidamente.
- Eh tu niño ¡¿Qué haces aquí?!- gritó el guardia furioso.
Cuándo Joel vio que el guardia se le acercaba empezó a correr rápidamente hasta que llegó a la esquina donde estaban todos.
- Muy bien y ¿ahora qué? Lo has traído aquí para que nos descubra a todos. – le regañó Franziska.
De repente un ruido de cristal sonó en el pasillo por donde venía el guardia. En el suelo estaba el pequeño artilugio de Heikki, y el guardia lo había pisado y se había partido en varios trocitos.
- ¡Aaaah! Mi invento – gritó Heikki y salió pitando de la esquina para ir a recogerlo.
- Ala venga otro listo… - dijo cansada Franziska.
Heikki corrió tan rápido que no le dio tiempo a ver al guardia que se abalanzaba sobre él y se chocaron bruscamente dándose un gran golpe en la cabeza. Los dos cayeron al suelo inconscientes.
- Vaya cabeza mas dura que tiene el Heikki... - dijo Joel asombrado.
El guardia no volvió a levantar y Heikki abrió los ojos y se empezó a levantar lentamente.
- ¿Tú has visto la qué has armado? – le dijo Hesper a Joel.
- Pero miradlo por el lado bueno, ya nos hemos quitado del medio al guardia. – rió Joel.
- Y tenias que coger mi invento, ahora se ha vuelto a romper – gruñó Heikki.
- Bueno, bueno a calmarse todo el mundo que al final el chaval ha servido de algo – respondió Darren mientras se dirigía hacia la puerta.
Heikki se levantó tembloroso y contempló su pequeño inventó con ojos tristes.
-¿Éstas bien? – le preguntó Franziska.
- Si, por suerte… Lo malo es esto que se ha vuelto a romper.-
- Lo siento tío – le sonrió Joel
Heikki le miró y al rato le devolvió una pequeña sonrisa más bien forzada.
- Heik ven aquí y dime si puedes hacer algo con esta puerta.- intervino Darren
Heikki se adelantó y empezó a observar todo cuidadosamente sin tocar nada.
- Me da qué esta puerta tiene un mecanismo muy sencillo, la puedo abrir pero tardaré un poco.-
- No tenemos mucho tiempo…- dudó Darren
- ¿Y tú Hesper? ¿Puedes hacer algo con la puerta?-
- Pues poder sí que puedo, pero no creo que salgamos muy bien parados, este pasillo es muy pequeño y las bombas que me quedan son demasiado potentes para un sitio tan estrecho. Además, no tenemos muchos sitios donde escondernos ni nada con lo que cubrirnos.-
- Pues no queda otra que esperar a que Heikki la abra…- dijo Darren apoyándose en la pared.
- Lo malo es que se vuelva a despertar el guardia – replicó Joel
- Si eso puede ser un problema, pero tú no vuelvas a hacer ninguna locura como la de antes o será peor – bufó Franziska con mirada asesina.
- Cuando pones esa cara me das miedo…- susurró Joel asustado.
- Franzis deja al chaval, ya madurará – rió Darren
Tras varios minutos de espera, un sonido metálico procedente de la puerta llamó la atención de todos.
- Me parece que ya está – indicó Heikki
Tras decir eso, juntó unos pequeños cables y la puerta comenzó a abrirse lentamente con un sonido chirriante.
- Heikki eres un genio – sonrió Darren
- No es nada –
Tras la puerta había una sala de grandes dimensiones con una gran cúpula en el techo y varios artilugios extraños en las paredes. No había mueble alguno, solo un par de maquinas desconocidas y varios ordenadores. Nadie la habitaba…
- Esto me huele muy mal – dijo Hesper
- ¿Muy mal? ¿Por qué? – se interesó Joel
- ¿No ves? No hay nadie en esta sala, y la puerta de delante está cerrada. O saben que estamos aquí y nos han hecho perder el tiempo o son unos aficionados…- replicó Franzis
- Vale, aquí no está el ordenador central, pero puede que más adelante por la siguiente puerta sí. Aunque esto también me da mala espina – intervino Darren
- Hombre si aquí hay ordenadores quiere decir que el ordenador central no debe estar muy lejos, porque estarán conectados a la misma red – explicó Joel
- Anda mírale, si algo sí que sabe – rió Franziska
- Claro, yo de ordenadores soy un experto – sonrió Joel
- A lo mejor esta otra puerta se puede tirar abajo con una de mis bombas – intervino Hesper observando la puerta. – Además esta habitación es mucho más amplia –
Todos rodearon a Hesper mientras preparaba su pequeño artilugio. Tras varios segundos terminó la bomba.
- Esto ya está, le he puesto un pequeño temporizador para darnos tiempo a escondernos tras algo. No creo que arme mucho escándalo. –
Todos comenzaron a moverse y a esconderse tras alguna estantería o tras alguna pared.
- ¿Cuántos segundos has puesto? – preguntó Joel
- Pocos, deben de quedar unos 3 o 4 –
- ¿Y cómo puedes estar tan segura de … - Joel no pudo terminar la frase porque un gran estruendo le interrumpió y la habitación se llenó de una gran polvareda.
- A pues… tenías razón – tosió Joel apartándose el polvo de la cara.
Cuando el polvo se esfumó del todo, Hesper quedó asombrada con lo que vio. La puerta estaba intacta, no tenía ningún rasguño. La pared de alrededor se había roto y magullado pero la puerta estaba totalmente limpia.
-¿¿Qué?? No puede ser, mi bomba tendría que haberla destrozado. ¿Cómo es posible? – exclamó Hesper.
- Que raro… - susurró Heikki
- ¿Sabes lo que quiere decir eso? Que esa puerta guarda algo importante, y si Joel tiene razón y el ordenador central está conectado a la misma red que estos, tiene que estar detrás de esa puerta – intuyó Darren
- Pero y ¿Cómo la abrimos? – preguntó Franziska, pero calló enseguida al ver que un agudo sonido de alarma comenzaba a sonar.
- Ups, eso ha debido de ser por el temblor de la bomba. Se habrá activado el sistema de seguridad. – dijo Hesper mirando hacia el techo.
- Pues menuda escandalera, haber ahora que hacemos. - replicó Franziska.
- No os preocupéis, tengo un aparato por aquí que puede servir. – intervino Heikki buscando algo en sus bolsillos. Sacó un pequeño llavero azul con un botón en el centro, lo pulsó y de inmediato la alarma quedó silenciada.
- Este “don maquinitas” es increíble – sonrió Hesper
- Bueno esto nos ha dado más tiempo, no creo que nos descubran ahora que la alarma se ha parado. Pero tenemos que buscar otro método de abrir la puerta – dijo pensativo Darren
- ¿Heikki crees que puedes?-
- No sé, esta puerta es distinta a la anterior. Tiene un mecanismo que solo se puede desactivar desde dentro o… -
- O… a través de otro ordenador conectado a la misma red – rió Joel
- ¿Joel tu puedes hacer eso?- preguntó ansioso Darren
- Con la ayuda de don maquinitas creo que podré –
- ¿Con mi ayuda? – respondió el aludido.
- Sí, necesito tu ayuda para que conectes la red de uno de estos ordenadores al mando de control de la puerta. Así podre acceder al sistema y a la clave de acceso para poder abrirla. Vamos, creo que con eso será suficiente –
- Bueno Joel, esta es tu gran oportunidad de demostrar a los demás que vales de algo chaval – rió Darren – así que no la cagues –
- No te preocupes, esto está chupado -
----
Relato publicado por: Ale13
jueves, 15 de enero de 2009
Capítulo 2: Vamos dentro
- Hesper, ¡espera! – ordenó Franziska, deteniéndose antes de salir, seguida por Joel.
- ¿Qué pasa? – quiso saber la nombrada.
- El rubio tiene la espalda jodida – dijo, señalando al nombrado que hacía gestos de dolor desde su cama.
- Heikki – concretó en finlandés, sintiendo un torrente de dolor atravesar su espalada.
- No podemos esperarle – bufó Darren.
- Ven, Darren, vamos a hacer un apaño – sonrió Franziska.
- Tus apaños me asustan – rió el noruego, sentándose en la cama que antes había ocupado Joel y esperó a la pelirroja.
- ¿Qué vais a hacer? – quiso saber Heikki, mirándolos desde su posición.
- Una transfusión de sangre rápida – explicó Hesper, viendo las intenciones de sus compañeros.
Darren se acomodó en la cama mientras Franziska cogía la bolsita de sangre, deteniendo la transfusión de ésta. Sujetó el tubo del gotero mientras apartaba la bolsita.
- Espero que no seas muy fino – rió la muchacha, sujetando el tubo con cuidado. Se sentó en la cama, al lado de Darren.
- ¿Fino? – repitió Heikki. – No, que yo sepa.
- Bien, no te recomiendo que mires… Y Joel, a ti tampoco – indicó Hesper.
- ¿Por qué? – quiso saber el último, pero al instante un movimiento de Franziska atrajo su atención.
La chica se había dirigido a un punto cercano a la clavícula y su cabello ocultó el rápido movimiento que sucedía en el hombro de Darren. Éste solo hizo un gesto dolor. Franziska no soltaba el tubo del gotero.
- ¿Darren? – comenzó Hesper, mientras Heikki y Joel ponían gestos de asombro.
- Estoy bien… Ay, Franzis, vigila – se quejó. La nombrada bufó desde su posición.
Franziska se separó lentamente del rubio y se giró. Para asombro de los recién llegados, los labios de Franziska estaban cubiertos de sangre, al igual que el hombro del muchacho.
- Ay… - se quejó Joel, observando la herida.
- No exageres, no es para tanto – murmuró Hesper.
La “vampiresa” pegó los labios al tubo y dejó caer la sangre a un ritmo bastante ligero. Hesper se comenzaba a impacientar y patinó de lado a lado cada vez más mosqueada.
- ¿Falta mucho? – acabó por preguntar.
- ¿Franzis?
- ¡Hm! – hizo la nombrada, sin separar los labios del gotero. Con las manos hizo un gesto que parecía decir “poco”.
- Eso espero – Hesper se cruzó de brazos.
Al cabo de un rato, la chica separó los labios y dijo:
- En un minuto o estará como nuevo – dijo por fin. Se relamió los labios – Darren, ¿me das un traguito?
- No – rió – estate quieta, que me secas.
Hesper se encogió de hombros ante las miradas aturdidas de Joel y Heikki. Darren se llevó la mano a la herida y se levantó, saliendo de la habitación.
- Te has pasado, chica – comentó Hesper – Le has clavado de más los colmillos.
Franziska ignoró a la otra, todavía relamiéndose los labios. Al cabo de un rato Heikki se levantó.
- Ya no me duele – dijo, estirándose un poco.
- Así es la sangre de Darren – sonrió de lado Franziska.
- Eres rara – comentó Heikki.
- Gracias… Hola de nuevo, Darren – saludó cuando este entró rápidamente con la sangre ya que antes escurría sobre su hombro desaparecida.
- Vámonos – ordenó Darren, dirigiéndose a la salida de nuevo, seguido por el resto del grupo - ¿En qué consiste la misión, Hesper?
La chica se siguió colocando las mochilas en posición cómoda y explicó:
- A unos kilómetros al sur de aquí hay un asentamiento de la SICG – comenzó – Al parecer contiene un arsenal bastante más que decente, pero eso no es lo que más nos interesa.
- ¿Está muy cerca? – quiso saber Franziska, alisándose los cabellos rojos.
- Lo suficiente como para que nos tengamos que preocupar, además de que contiene información diversa, entre ellas las sospechas de nuestro asentamiento. – tomó aire, mientras acababa de ajustarse la última faltriquera – No está confirmada la información, pero es preocupante – finalizó Hesper.
- Un momento – frenó Joel al grupo. - ¿Es peligroso?
Heikki miró al muchacho de pelo negro, frenando inmediatamente después de él. Al oírle, dirigió la mirada a los otros tres, interrogante y temeroso.
- Tampoco estás mucho más seguro fuera tú solo – pronunció bruscamente Darren, retirándose un mechón de cabellos rubios del rostro para mirar fijamente a los otros dos.
- Debéis entender… – suspiró Franziska, entrecerrando los ojos mientras se acercaba a ambos muchachos - … ahora nosotros somos vuestra familia, olvidad todo lo que conocéis.
- No podéis obligarnos – asintió Heikki. – Es peligroso.
- ¿Tanto temor hay? – quiso saber Hesper, moviéndose de lado a lado.
- No os vamos a obligar – asintió la pelirroja con pesadez – Pero tampoco vamos a dejar que os pase nada.
Franziska sonrió con toda la amabilidad que pudo reunir, mientras Heikki preguntaba:
- ¿Segura?
- Te dije que ahora es como si fuéramos familia – asintió. – Hay que irse, cada segundo es crucial, ¿verdad?
- Vámonos – asintió Darren, corriendo detrás de Hesper, que se deslizaba suavemente unos metros por delante.
El grupo que ya tenía experiencia no tuvo problema para desplegarse y moverse, pero ambos recién llegados se situaron atrás indecisos. Franziska se había adelantado cincuenta metros a Darren. Hesper se deslizaba detrás con los Heikki y Joel a ambos lados.
- Franzis… - llamó Darren, sujetando el micrófono contra su oreja - ¿Qué ves?
- A unos seiscientos metros hay una especie de base, hay dos gorilas flanqueando la entrada principal, el vallado es eléctrico al parecer…
- Ha preguntado qué ves, no qué supones – intervino Hesper.
- Toda información es poca – la defendió Darren.
- … ¿Puedo seguir? – quiso saber la pelirroja. Al no oír respuesta, continuó – Hay quince cámaras de seguridad, cuatro apuntando a la entrada, las otras once están dispuestas de manera irregular.
- Frenad – ordenó Darren, al ver la base.
- Hay que desconectar las cámaras y distraer a los gorilas – observó Joel.
- Si encontráis el panel de control, podría desconectar las cámaras – intervino Heikki, ganando seguridad con cada palabra.
- Tiene que estar en la zona interna, ¿no? – quiso saber Hesper.
- Voy a dar una vuelta – comunicó Franziska - ¿Te valdría cualquier cuadro de electricidad?
- Con tener acceso a él, me vale.
- Con cuidado Franzis – pidió Darren, mirando fijamente a la muchacha, que ya se alejaba a paso ligero.
- Parece que va a ponerse complicado – intuyó Hesper. – Desde luego, creo que Hakkun no contaba con una seguridad excesiva.
- Un grupo pequeño es más complicado de detectar – concluyó Joel, sentándose en un tronco.
- Pero somos cinco… Esto reduce las posibilidades de golpe contundente – discutió Hesper, paseando en círculos.
- Hasper o Darren.
- Dime – respondió el muchacho a Franziska, aferrándose al micro con fuerza.
- Pásame a “Don maquinitas” – pidió – si no es muy complicado, desenchufo yo esto y os coláis.
- Para ti – comunicó el rubio, entregándole el micro a Heikki.
- Dime lo que tiene – pidió el finlandés, con el micrófono pegado a la oreja.
- ¿Estás seguro de que Franzis no tiene hambre? – quiso saber la chica, colocándose el pelo castaño.
- Sus ojos estaban de un color miel muy suave – rememoró el rubio, visualizando en su mente los ojos claros de su compañera – intimida más cuando se le ponen los ojos de color oscuro, se vuelve especialmente paranoica.
- ¿Qué tienen que ver sus ojos con el hambre? – quiso saber Joel, dejando de lado a Heikki, que daba instrucciones a Franziska.
- Si no tiene hambre, sus ojos son del color de la miel… Se oscurecen cuando tiene hambre – explicó Darren. – Aunque sirven como indicador de cuando tenemos que tener cuidado con herirnos.
- ¿Es peligrosa? – preguntó Joel.
- Solo si huele sangre y tiene hambre – respondió Hesper.
Escucharon las indicaciones que iba dando Heikki a Franziska y de vez en cuando, Hesper hacía algún comentario irónico.
- Chicos – llamó Heikki – Deberíamos movernos, el corte de electricidad será muy breve y hay que moverse rápido.
- Vamos… Franziska, ¿te dará tiempo a entrar? – dudó Hesper.
- Si, tranquila – asintió – dime, Heikki.
- Tiene que haber un cable en el extremo derecho, acoplado a un conector en la zona inferior. – aguardó unos instantes en los que Franziska hablaba – Sí, desconéctalo y pásalo al superior. Luego acciona el interruptor que está a la derecha del conector y se colapsara el sistema eléctrico.
- ¿Listos? – quiso saber la pelirroja, preparada para presionar el interruptor.
- ¡Ya, Franzis! – ordenó Darren, preparando el rifle para abatir a los guardias.
Los guardias se giraron, pero ya era demasiado tarde. El grupo corría rápidamente hacia ellos y ya había muerto el primero. El segundo sufrió la misma suerte.
- Dentro, vamos – les apremió Hesper.
- Espero que Franzis nos alcance – deseó el noruego, entrando rápidamente en las instalaciones.
- ¿Qué hay que buscar? – quiso saber Joel, pegándose a una pared.
- Armas, ordenadores… Heikki, me alegro de contar con un “maquinitas” en el grupo – pronunció Hesper.
- Menos cháchara, “señoritas” – se burló Darren.
El grupo se movió ligeros, ocultándose en las sombras. Parecía que toda la electricidad del complejo había sido totalmente cortada.
- ¿Franziska nos encontrará? – susurró Joel.
- Claro – respondió Hesper en un tono más bajo.
Darren avanzó en la cabeza, pero al cabo de un rato se detuvo.
- ¿Qué pasa? – quiso saber Joel al chocarse con la chica.
- Hay tres rutas a escoger – comunicó.
- ¿Esperamos a Franzis o sabes por qué camino debemos andar? – Darren se encogió de hombros ante la pregunta de Hesper.
- ¡Hola! – saludó una conocida voz femenina.
- Franziska… - susurró Heikki.
- A la derecha – comunicó la pelirroja. – En unos minutos volverá la luz, ¿no, Heikki?
- En nada, mejor vamos ya – asintió Heikki.
Fue decirlo y la luz se extendió por todo el pasillo, iluminando a los intrusos. Tendrían que moverse rápido si querían interceptar.
- Hay que buscar el ordenador central y destruirlo – suspiró Franziska – Hakkun me dijo que esa información nos puede traer problemas.
- ¿Es real? – se interesó Darren, mientras avanzaba.
- Nos puede traer muchos problemas… Ahora a la izquierda y… Hesper, ve preparando un “¡Bum!” … Nos hará falta.
--------------------------------------------------------------------------------------
Relato por Shihana, gracias por tu lectura ^^
- ¿Qué pasa? – quiso saber la nombrada.
- El rubio tiene la espalda jodida – dijo, señalando al nombrado que hacía gestos de dolor desde su cama.
- Heikki – concretó en finlandés, sintiendo un torrente de dolor atravesar su espalada.
- No podemos esperarle – bufó Darren.
- Ven, Darren, vamos a hacer un apaño – sonrió Franziska.
- Tus apaños me asustan – rió el noruego, sentándose en la cama que antes había ocupado Joel y esperó a la pelirroja.
- ¿Qué vais a hacer? – quiso saber Heikki, mirándolos desde su posición.
- Una transfusión de sangre rápida – explicó Hesper, viendo las intenciones de sus compañeros.
Darren se acomodó en la cama mientras Franziska cogía la bolsita de sangre, deteniendo la transfusión de ésta. Sujetó el tubo del gotero mientras apartaba la bolsita.
- Espero que no seas muy fino – rió la muchacha, sujetando el tubo con cuidado. Se sentó en la cama, al lado de Darren.
- ¿Fino? – repitió Heikki. – No, que yo sepa.
- Bien, no te recomiendo que mires… Y Joel, a ti tampoco – indicó Hesper.
- ¿Por qué? – quiso saber el último, pero al instante un movimiento de Franziska atrajo su atención.
La chica se había dirigido a un punto cercano a la clavícula y su cabello ocultó el rápido movimiento que sucedía en el hombro de Darren. Éste solo hizo un gesto dolor. Franziska no soltaba el tubo del gotero.
- ¿Darren? – comenzó Hesper, mientras Heikki y Joel ponían gestos de asombro.
- Estoy bien… Ay, Franzis, vigila – se quejó. La nombrada bufó desde su posición.
Franziska se separó lentamente del rubio y se giró. Para asombro de los recién llegados, los labios de Franziska estaban cubiertos de sangre, al igual que el hombro del muchacho.
- Ay… - se quejó Joel, observando la herida.
- No exageres, no es para tanto – murmuró Hesper.
La “vampiresa” pegó los labios al tubo y dejó caer la sangre a un ritmo bastante ligero. Hesper se comenzaba a impacientar y patinó de lado a lado cada vez más mosqueada.
- ¿Falta mucho? – acabó por preguntar.
- ¿Franzis?
- ¡Hm! – hizo la nombrada, sin separar los labios del gotero. Con las manos hizo un gesto que parecía decir “poco”.
- Eso espero – Hesper se cruzó de brazos.
Al cabo de un rato, la chica separó los labios y dijo:
- En un minuto o estará como nuevo – dijo por fin. Se relamió los labios – Darren, ¿me das un traguito?
- No – rió – estate quieta, que me secas.
Hesper se encogió de hombros ante las miradas aturdidas de Joel y Heikki. Darren se llevó la mano a la herida y se levantó, saliendo de la habitación.
- Te has pasado, chica – comentó Hesper – Le has clavado de más los colmillos.
Franziska ignoró a la otra, todavía relamiéndose los labios. Al cabo de un rato Heikki se levantó.
- Ya no me duele – dijo, estirándose un poco.
- Así es la sangre de Darren – sonrió de lado Franziska.
- Eres rara – comentó Heikki.
- Gracias… Hola de nuevo, Darren – saludó cuando este entró rápidamente con la sangre ya que antes escurría sobre su hombro desaparecida.
- Vámonos – ordenó Darren, dirigiéndose a la salida de nuevo, seguido por el resto del grupo - ¿En qué consiste la misión, Hesper?
La chica se siguió colocando las mochilas en posición cómoda y explicó:
- A unos kilómetros al sur de aquí hay un asentamiento de la SICG – comenzó – Al parecer contiene un arsenal bastante más que decente, pero eso no es lo que más nos interesa.
- ¿Está muy cerca? – quiso saber Franziska, alisándose los cabellos rojos.
- Lo suficiente como para que nos tengamos que preocupar, además de que contiene información diversa, entre ellas las sospechas de nuestro asentamiento. – tomó aire, mientras acababa de ajustarse la última faltriquera – No está confirmada la información, pero es preocupante – finalizó Hesper.
- Un momento – frenó Joel al grupo. - ¿Es peligroso?
Heikki miró al muchacho de pelo negro, frenando inmediatamente después de él. Al oírle, dirigió la mirada a los otros tres, interrogante y temeroso.
- Tampoco estás mucho más seguro fuera tú solo – pronunció bruscamente Darren, retirándose un mechón de cabellos rubios del rostro para mirar fijamente a los otros dos.
- Debéis entender… – suspiró Franziska, entrecerrando los ojos mientras se acercaba a ambos muchachos - … ahora nosotros somos vuestra familia, olvidad todo lo que conocéis.
- No podéis obligarnos – asintió Heikki. – Es peligroso.
- ¿Tanto temor hay? – quiso saber Hesper, moviéndose de lado a lado.
- No os vamos a obligar – asintió la pelirroja con pesadez – Pero tampoco vamos a dejar que os pase nada.
Franziska sonrió con toda la amabilidad que pudo reunir, mientras Heikki preguntaba:
- ¿Segura?
- Te dije que ahora es como si fuéramos familia – asintió. – Hay que irse, cada segundo es crucial, ¿verdad?
- Vámonos – asintió Darren, corriendo detrás de Hesper, que se deslizaba suavemente unos metros por delante.
El grupo que ya tenía experiencia no tuvo problema para desplegarse y moverse, pero ambos recién llegados se situaron atrás indecisos. Franziska se había adelantado cincuenta metros a Darren. Hesper se deslizaba detrás con los Heikki y Joel a ambos lados.
- Franzis… - llamó Darren, sujetando el micrófono contra su oreja - ¿Qué ves?
- A unos seiscientos metros hay una especie de base, hay dos gorilas flanqueando la entrada principal, el vallado es eléctrico al parecer…
- Ha preguntado qué ves, no qué supones – intervino Hesper.
- Toda información es poca – la defendió Darren.
- … ¿Puedo seguir? – quiso saber la pelirroja. Al no oír respuesta, continuó – Hay quince cámaras de seguridad, cuatro apuntando a la entrada, las otras once están dispuestas de manera irregular.
- Frenad – ordenó Darren, al ver la base.
- Hay que desconectar las cámaras y distraer a los gorilas – observó Joel.
- Si encontráis el panel de control, podría desconectar las cámaras – intervino Heikki, ganando seguridad con cada palabra.
- Tiene que estar en la zona interna, ¿no? – quiso saber Hesper.
- Voy a dar una vuelta – comunicó Franziska - ¿Te valdría cualquier cuadro de electricidad?
- Con tener acceso a él, me vale.
- Con cuidado Franzis – pidió Darren, mirando fijamente a la muchacha, que ya se alejaba a paso ligero.
- Parece que va a ponerse complicado – intuyó Hesper. – Desde luego, creo que Hakkun no contaba con una seguridad excesiva.
- Un grupo pequeño es más complicado de detectar – concluyó Joel, sentándose en un tronco.
- Pero somos cinco… Esto reduce las posibilidades de golpe contundente – discutió Hesper, paseando en círculos.
- Hasper o Darren.
- Dime – respondió el muchacho a Franziska, aferrándose al micro con fuerza.
- Pásame a “Don maquinitas” – pidió – si no es muy complicado, desenchufo yo esto y os coláis.
- Para ti – comunicó el rubio, entregándole el micro a Heikki.
- Dime lo que tiene – pidió el finlandés, con el micrófono pegado a la oreja.
- ¿Estás seguro de que Franzis no tiene hambre? – quiso saber la chica, colocándose el pelo castaño.
- Sus ojos estaban de un color miel muy suave – rememoró el rubio, visualizando en su mente los ojos claros de su compañera – intimida más cuando se le ponen los ojos de color oscuro, se vuelve especialmente paranoica.
- ¿Qué tienen que ver sus ojos con el hambre? – quiso saber Joel, dejando de lado a Heikki, que daba instrucciones a Franziska.
- Si no tiene hambre, sus ojos son del color de la miel… Se oscurecen cuando tiene hambre – explicó Darren. – Aunque sirven como indicador de cuando tenemos que tener cuidado con herirnos.
- ¿Es peligrosa? – preguntó Joel.
- Solo si huele sangre y tiene hambre – respondió Hesper.
Escucharon las indicaciones que iba dando Heikki a Franziska y de vez en cuando, Hesper hacía algún comentario irónico.
- Chicos – llamó Heikki – Deberíamos movernos, el corte de electricidad será muy breve y hay que moverse rápido.
- Vamos… Franziska, ¿te dará tiempo a entrar? – dudó Hesper.
- Si, tranquila – asintió – dime, Heikki.
- Tiene que haber un cable en el extremo derecho, acoplado a un conector en la zona inferior. – aguardó unos instantes en los que Franziska hablaba – Sí, desconéctalo y pásalo al superior. Luego acciona el interruptor que está a la derecha del conector y se colapsara el sistema eléctrico.
- ¿Listos? – quiso saber la pelirroja, preparada para presionar el interruptor.
- ¡Ya, Franzis! – ordenó Darren, preparando el rifle para abatir a los guardias.
Los guardias se giraron, pero ya era demasiado tarde. El grupo corría rápidamente hacia ellos y ya había muerto el primero. El segundo sufrió la misma suerte.
- Dentro, vamos – les apremió Hesper.
- Espero que Franzis nos alcance – deseó el noruego, entrando rápidamente en las instalaciones.
- ¿Qué hay que buscar? – quiso saber Joel, pegándose a una pared.
- Armas, ordenadores… Heikki, me alegro de contar con un “maquinitas” en el grupo – pronunció Hesper.
- Menos cháchara, “señoritas” – se burló Darren.
El grupo se movió ligeros, ocultándose en las sombras. Parecía que toda la electricidad del complejo había sido totalmente cortada.
- ¿Franziska nos encontrará? – susurró Joel.
- Claro – respondió Hesper en un tono más bajo.
Darren avanzó en la cabeza, pero al cabo de un rato se detuvo.
- ¿Qué pasa? – quiso saber Joel al chocarse con la chica.
- Hay tres rutas a escoger – comunicó.
- ¿Esperamos a Franzis o sabes por qué camino debemos andar? – Darren se encogió de hombros ante la pregunta de Hesper.
- ¡Hola! – saludó una conocida voz femenina.
- Franziska… - susurró Heikki.
- A la derecha – comunicó la pelirroja. – En unos minutos volverá la luz, ¿no, Heikki?
- En nada, mejor vamos ya – asintió Heikki.
Fue decirlo y la luz se extendió por todo el pasillo, iluminando a los intrusos. Tendrían que moverse rápido si querían interceptar.
- Hay que buscar el ordenador central y destruirlo – suspiró Franziska – Hakkun me dijo que esa información nos puede traer problemas.
- ¿Es real? – se interesó Darren, mientras avanzaba.
- Nos puede traer muchos problemas… Ahora a la izquierda y… Hesper, ve preparando un “¡Bum!” … Nos hará falta.
--------------------------------------------------------------------------------------
Relato por Shihana, gracias por tu lectura ^^
miércoles, 14 de enero de 2009
Capítulo 1: Encuentros
Cuando recuperó la conciencia, lo primero que sintió, fue el dolor. Un dolor que comenzaba por la zona de los omoplatos y continuaba bajando hacia la cadera. Se sintió cómo si le hubieran quitado la piel de la espalda a tiras. Pero no sólo eso, sintió que su cuerpo entero ardía, a pesar de que no había fuego en ningún sitio. Se dejó caer hacia delante y se estampó de cara contra el suelo. Le dolió, pero le dio igual. Le dolía más la espalda, además de todo su cuerpo entero. Él mismo se recordó a las mujeres, que, en la Edad Media eran quemadas vivas, acusadas de brujas por la Iglesia. “La Iglesia…” pensó antes de cerrar los ojos. A pesar de que su cuerpo ardía, notó cómo la sangre caliente bajaba de su espalda. Abrió un poco los ojos, lo suficiente para ver una sombra que se cruzó delante de su vista y volvió a desaparecer. No se molestó en girar la cabeza para seguirla.
-Vaya…-dijo una voz masculina.
Alguien le cogió del cuello de la camisa y tiró de él hacia arriba. Parecía que aquel tipo no tenía cara, o si la tenía, la ocultaba muy bien. Inclinó la cabeza hacia delante, volvió a cerrar los ojos y se desmayó.
Joel se despertó en una habitación pequeña, alargada, sin ventanas, con la iluminación de una única bombilla, colgada del techo. Estaba tumbado encima de una cama, pegada a la pared. Al lado de su cama había otra igual, tan cerca, que podía alcanzarla si extendía el brazo. Sobre la otra cama, estaba tumbada otra persona, bocabajo. Tenía vendado todo el torso, pero la venda que estaba por la zona de la espalda estaba llena de sangre. Entre las dos camas había una percha móvil, con ruedas, para poder desplazarla, como las que utilizan en los hospitales. De la percha colgaba una bolsa de sangre, y de la bolsa de sangre salía un cable que la conectaba con el brazo de la otra persona. Como Joel no le veía la cara, ya que estaba mirando hacia el lado contrario, pegó un gritito para ver si estaba consciente. Al parecer sí lo estaba, porque la otra persona se sobresaltó.
-Oye tú…-le dijo Joel, mientras el otro giraba la cabeza lentamente hacia él-¿Se puede saber quién eres? ¿Dónde estamos?
El otro le miró alzando una ceja.
-Lo mismo te pregunto yo a ti.
-¿Eh? ¿Cómo? ¿Tú no sabes quién soy yo y yo no sé quien eres tú? ¿Y estamos en un sitio que no sabemos dónde está?
-A mí no me preguntes, yo tampoco sé nada. Cuando me he despertado ya estaba aquí, igual que tú.
-¿Cómo hemos llegado hasta aquí, entonces?
-Te he dicho que no sé nada…
Joel miró al otro chico un instante. Después empezó a reírse.
-¿Qué?-dijo el otro chico asustado.
-¡Eres rubio! ¡Es la primera vez que veo un rubio con esos pelos tan largos!
-¿Nunca en tu vida has visto un rubio?
-Bueno, sí… Bastantes. Pero con el pelo tan largo no.
-¿No? Pero si hay muchos como yo.
-Pues tú eres el primer rubio con pelo largo que he visto en persona.
-En mi ciudad hay un montón de chicos con el pelo así.
-¿Y cómo se llama tu ciudad?
-Helsinki.
-¿Y dónde está eso?
El otro chico cerró los ojos y suspiró:
-No me digas que no sabes dónde está. ¿A ti te enseñan geografía?
-Eh… Sí, pero en el orfanato no daban mucha geografía… El nombre me suena de algo…
-La capital de Finlandia.
-¡Ah, sí! En mi orfanato no dábamos casi clases geografía. O si las daban, era tan aburrida que me dormía en las clases.
-No creo que necesites dar mucha geografía para saber cual es la capital de tu país…
-¿Mi país? ¡Yo nací en Dinamarca!
-Perdón, no lo sabía… ¿Y qué hacías por allí? ¿Un viaje de fin de curso?
-¿Qué dices? ¿Un viaje de fin de curso? ¿En mi orfanato? ¿Estás loco? ¡Yo estaba allí, tan tranquilamente y llegaron los tíos locos estos de la iglesia y me raptaron!
-¿A ti también te raptaron?
-¿Eh? No me digas que tú también… ¿Te han mutado?
-¿De que te crees que son las heridas que tengo en la espalda? Y mira.-dijo levantando el brazo izquierdo. Lo tenía cubierto de grupitos de pequeñas escamas, repartidas por todo el brazo. Dónde más tenía era por el dorso de la mano, dónde no se veía ni un trocito de piel. Además, sus dedos terminaban en unas garras.
-¿Qué te han hecho? ¿Te han puesto trozos de pájaro?
-Sí, las alas. Pero me empezaron a salir escamas…
-¿Tienes alas?-exclamó Joel emocionado.
- Si te digo la verdad... Preferiría no tenerlas. ¿Y a ti? ¿También te han mutado?
-Por supuesto. Me transformo en demonio cuando me enfado. Jua, jua, jua. Pero no tengo patas de cabra, ni nada de eso cuando no estoy transformado… Vamos, que no tengo marcas de que sea mutante si no estoy transformado, como tú… Pero mira esto.-Joel sonrió y le enseñó la palma de su mano derecha al otro chico. Tenía una especie de quemadura con forma de estrella-¿A qué mola?
-¿Te lo hicieron ellos?
-No, lo tenía desde hace muchos años… Por tocar cosas que no debo.
-¿Qué cosas?
-Productos corrosivos.
El otro chico suspiró y cerró los ojos. Joel clavó la vista en el techo.
-Por cierto, no me has dicho como te llamas…-dijo sin apartar la vista del techo.
-Heikki.
-¿Heikki?-Joel soltó una risita.
-¿Qué pasa? ¿Algún problema con mi nombre?
-No, sólo me hace gracia como suena…
-¿Y tú?
-Joel.
Pasó un rato, no hablaron nada. Joel seguía sin quitar la vista del techo
-Entonces estabas en un orfanato… ¿No tenías familia?-preguntó Heikki.
-Eso pensaba yo… Hasta que me enteré de que mi padre era de la SICG y mi madre había muerto en uno de esos experimentos suyos…
-¿Cómo? ¿Tú padre es uno de ellos?-gritó Heikki con furia.
-¡Sí, sí, pero a mí no me pegues que no tengo culpa! ¡Él me convirtió en demonio y mató a mi madre!
-¿Pero quién es capaz de matar a su mujer y mutar a su hijo?
-Mi padre. Y mucha gente más de la SICG esa, no te creas… ¿Y tú?
-Yo era… Normal. Tenía un padre una madre, y dos hermanos. Al pequeño le están criando hasta que tenga catorce años para mutarle… Y al mayor le están intentando mutar a pesar de que tiene más de veinte.
-Con más de veinte no se puede mutar.
-Ya lo sé. Están buscando la manera, utilizando de rata de laboratorio a mi hermano.
-¿Y tus padres?
-Les mataron. Ahora que me acuerdo… También se llevaron a los de mi banda…
-¿De tu banda? ¿El qué?
-Mis compañeros, de un grupo de música. Nos raptaron a todos.
-¿Tenías un grupo de música? ¿Qué tipo de música era?-dijo Joel, apartando la vista del techo y observando a Heikki. Pantalón negro con cadenas colgando, pelo largo… Adivinar la respuesta no fue muy difícil-¿Jebi? ¿De jebi metal?
-Calla. Así no se pronuncia.-dijo Heikki metiéndose la mano derecha en el bolsillo. Sacó una especie de artilugio formado por una pantalla, una pequeña cámara y un montón de alambres y cables que salían en todas direcciones. Se colocó aquel artilugio en el ojo, como si fuera una cámara de fotos y empezó a girar una pequeña rueda situada en la parte de arriba de la pantalla-Se dice heavy.
-Eso mismo. ¿Y eso que tienes ahí que es?
-No lo sé. No le he puesto nombre. Una especie de telescopio, diría yo.
-¿De dónde lo has sacado?
-Me lo he construido yo. A partir de trozos de móviles rotos.
-¿Sí? ¿Me lo dejas?
-¿Para qué?
-Quiero verlo.
-Ya lo ves desde aquí.
-Pero quiero ver como se ve a través de eso.
-Si no se ve nada. Se ha vuelto a cascar.-Heikki colocó el artilugio encima de la cama y con una mano sólo, empezó a desmontarlo.
-¿Eh? ¿Pero qué haces? ¡Lo estás rompiendo más!
-No. Yo sé lo que hago. Hay un maldito cable que siempre se suelta…
-¿Y distingues el cable que es, entre todo ese lío?
-De sobra. Siempre es el mismo.
Joel se sentó en la cama y se inclinó hacia delante. Él sólo veía cables de colores, pero, Heikki movía y conectaba los cables a una velocidad asombrosa, como si se supiera de memoria los cables que tenía que conectar y desconectar.
-Ya está.-dijo colocándose otra vez el artilugio en el ojo y girando otra vez la rueda. Joel le miró embobado. Heikki dirigió el aparato hacia él-Cuantas pecas tienes…
-¡Oye! ¿Hay algún problema con mis pecas?-dijo Joel colocando sus manos en las mejillas, el lugar dónde tenía más pecas.
-Las veo tan grandes que parece que tienes más… ¿Qué te pasa en los ojos? Uno lo tienes negro y otro marrón.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a nadie con un ojo de cada color?-Heikki negó-Igual que yo con los fineses rubios y de pelo largo. ¿Quieres dejar de mirarme ya con eso?-dijo Joel nervioso, tapando la pantalla del artilugio.
-Sigo viendo.-Joel gruñó y tapó la cámara-Vaya…
-¡Ja! ¿A que ahora no ves?-Heikki suspiró y se guardó su artilugio en el bolsillo-Bueno, yo voy a ir a ver dónde estamos por lo menos… Que ahí hay una puerta…-dijo señalando la puerta que había, en la misma pared a la que estaba pegada su cama. Esperó a que Heikki dijera algo, pero al ver que ni abría la boca continuó:-Puedes venir tú también.
-Yo no voy. Creo que no puedo ni levantarme. Me duele la espalda. Además, ¿dónde voy con la cosa esta enchufada a mi brazo?-dijo señalando la percha.
-La cosa esa tiene ruedas.
-Pero me duele la espalda cuando estiro la piel. Y manteniéndome de pie, ya estoy estirando la piel.
-Pues ahí te quedas, yo me voy. A mí me daría vergüenza quedarme quieto cuando hay dos hermanos esperando a que yo les rescate…-esperó que Heikki cayera en la trampa para que fuera con él, pero éste le ignoró y volvió a sacar su maquinita de su bolsillo-Eso, eso… Ahí te quedas…-dijo Joel, abriendo la puerta. Se quedó en el umbral de la puerta, esperando a que Heikki dijera algo, pero él seguía con su artilugio. Joel le miró con los ojos entrecerrados y salió al exterior. La habitación de la que había salido estaba en el medio de un largo y estrecho pasillo, sin ventanas, iluminado con bombillas, igual que la habitación. Pudo observar que por un lado no había salida, así que se dirigió hacia el otro. Había puertas iguales a las que él había salido repartidas por todo el pasillo. Cuando llegó al final del pasillo, alguien le golpeó fuertemente en el hombro, lo que le hizo retroceder.
-¡Eh!-se quejó Joel. La persona que le había empujado le observó con los ojos entrecerrados. Era un hombre negro, bastante alto, con el pelo corto y rizado. Después de haberle observado se llevó una mano a la oreja, donde tenía una especie de auricular con un pequeño micrófono y habló:
-Mutante, ya se ha despertado uno de los que habéis traído.-dijo.
-El jebi rubio también se ha despertado.-dijo Joel.
El hombre le miró enfadado.
-Se han despertado los dos…
-Rickon… El de Darren no funciona.-una voz aguda salió del auricular que el hombre llevaba en la oreja. El hombre ya no parecía tan enfadado-Le he puesto su trasmisor al mío. Voy a avisarle. Y a Franzis también.
El hombre pareció enfadado otra vez:
-Sí sí, avisa a los mutantes…-se cruzó de brazos, volvió a mirar a Joel con los ojos entrecerrados, y después miró al techo. Joel le miró con una ceja alzada-¡Mutante! ¿Quieres apartarte de mi vista?-gruñó.
-¿Eh? ¿Por qué no te apartas tú de la mía?-dijo Joel sin entender muy bien, porque el hombre decía eso. Le miró más enfadado que antes aún.
-Escoria…-murmuró. Y volvió a mirar al techo. Joel le miró otra vez con una ceja alzada, como si no entendiera el comportamiento de aquel hombre-Os creéis superiores porque tenéis poderes… ¿Qué miras?-dijo mirando otra vez a Joel.
-Nada.-dijo Joel encogiéndose de hombros.
-¡Vuelve a tu habitación!-dijo el hombre negro dándole un empujón en el hombro. Joel se frotó el brazo y comenzó a caminar por el pasillo otra vez. Se dio cuenta de que todas las habitaciones eran iguales, así que fue mirando una por una. Por suerte, estaban todas vacías.
-¿Qué haces?-le gritó el hombre negro.
-Intentando encontrar mi habitación.
El hombre bufó y volvió a mirar al techo. Pasaron dos minutos hasta que encontró la habitación dónde estaba Heikki.
-¿Ya estás aquí? Si que has durado poco…-le dijo, mientras toqueteaba los cables de su artilugio otra vez.
-Hay un negro que no me deja pasar. Y me ha hecho daño.
Heikki se colocó el artilugio en el ojo por enésima vez, y volvió a girar la ruedecita. Después, se lo tendió a Joel.
-Sujétalo. Voy a intentar sentarme al menos en la cama…
Joel lo cogió ilusionado.
-¿Puedo mirar?-Heikki asintió. Joel se puso el artilugio en el ojo y miró hacia la bolsa de sangre que colgaba de la percha-¡Cómo mola!-gritó al ver como una gota de sangre goteaba de la bolsa, antes de caer al cable. Cuando la gota cayó del todo, Joel se llevó tal susto que apartó el artilugio de su ojo, ya que se veía tan grande que le pareció casi real.
-La ruedecita de arriba es el zoom.-le dijo Heikki. Joel se volvió a colocar el artilugio en el ojo, giró la ruedecita y la dirigió hacia el pelo de Heikki. Aumentó tanto el zoom que, un pelo parecía igual de grueso que una columna griega. Joel soltó una carcajada.
-Vaya pelos que tienes… Oye, esto viene muy bien para ver quien tiene piojos…
-Yo no voy mirando las cabezas de la gente para ver si tienen piojos…
-Ya, pero viene bien, digo. Cuando veas a alguien que se rasca la cabeza, te pones esto y le espías. Si ves bichitos te alejas.
Heikki le ignoró y levantó todo su cuerpo con los brazos, lentamente. Deslizó los pies hacia un lado y se dejó caer, para sentarse del todo. Gritó y echó la espalda lo más atrás que pudo, pero sin llegar a tumbarse. Joel se asustó otra vez, y casi se le cae el aparato.
-Pero vaya grito que has dado…
-Ay, ay, ay. Me duele. No tendría que haberme levantado…
Joel miró hacia todos lados con el aparato. Estaba mirando atentamente el óxido que había en la puerta de hierro, que, cuando se abrió de repente, se sobresaltó otra vez. Entró una chica con patines.
-¡Dame eso que al final se te cae y lo escacharras más!-gritó Heikki. Joel soltó el aparato encima de la cama de Heikki sin perder de vista a la chica. Ésta se asomó al pasillo y volvió a entrar junto a otras dos personas, otra chica y un chico. El chico tenía un auricular, parecido al que tenía el hombre negro de fuera, peor lo levaba en la mano.
-Son estos ¿no?-dijo la chica de los patines.
-Sí-dijo la otra chica, pelirroja y bastante alta.
-¿Vosotros sois amigos de ése que está fuera? ¿Sabéis dónde estamos?-dijo Joel.
-Sí, veníamos a explicáoslo, precisamente… Nosotros os encontramos.-dijo el chico-Estábamos rastreando una zona y os encontramos.
-¿Eh? Cuéntalo todo desde el principio.
-Vosotros ya sabéis todo lo que está pasando. ¿Verdad? La SICG y toda esta historia…-al ver que los dos chicos asintieron, continuó-Bien. Nosotros somos como una especie de rebelión. La fuerza contraria a ella. Atacamos sus bases, destruimos sus armas, liberamos a sus prisioneros… Que además están mutados…
-Vale, vale. Quieres que nos unamos a la rebelión. ¿No es así?-cortó Joel.
-Creo que no tenéis más remedio. Si os dejamos ir puede que la SICG os encuentre y os torturarán hasta que confeséis dónde está nuestra base. Y eso os perjudica a vosotros y a nosotros.
-Yo me iba a unir de todas formas.-dijo Heikki.
-¿Te unes así, sin más?-dijo Joel.
-¿Sin más? Son contrarios a la SICG. Eso ya me sirve de sobra para unirme
-¿Y tú?-preguntó el chico a Joel.
-Yo también. Me da lo mismo… Y si me ayudáis a vengarme de mi padre mejor. Es de la SICG.-terminó Joel antes de que alguien le preguntara-Mató a mi madre.
-Dos miembros más.-sonrió-Mi nombre es Darren, y ellas dos son Franziska y Hesper.-Franziska ladeó la cabeza y Hesper asintió mientras se llevaba la mano derecha al auricular que llevaba en la oreja-¿Y vosotros?
-Heikki.
-Joel.
-¿Sois mutados, verdad? ¿Qué poderes tenéis?
-Oye, Darren.-interrumpió Hesper-Te están llamando por aquí. Tenemos otra misión.
-Maldita sea. Siempre me llaman cuando se me rompe.-dijo Darren señalando el micrófono y el auricular que llevaba en las manos. -Se me rompió en la última misión.
-Trae eso.-dijo Heikki quitándoselo de las manos.
-Don maquinitas.-dijo Joel.
-Hubo una explosión, me caí, y se rompió.
-“Bum”-repitió Hesper-Voy yo en tu lugar, a ver que quieren estos ahora… Os dejo el trasmisor, por si acaso… Don maquinitas… digo, Heikki lo arregla.-Hesper le dio a Darren un pequeño chip que sacó de su auricular y Joel soltó una carcajada. Heikki actuó como si no hubiera escuchado nada, y empezó a desmontar el auricular. Hesper salió patinando de la habitación.
-Ahora que me fijo, tú también eres rubio.-le dijo Joel a Darren.
-Eso era mi comida.-dijo Franziska, antes de que Darren contestará a Joel, señalando la bolsa de sangre que colgaba de la percha. Joel la miró con los ojos muy abiertos y Heikki levantó la vista del auricular, transformado en alambres.
-Franzis, ya has comido.-dijo Darren suspirando-Y tenemos muchísimas bolsas como esa.
-Pero son mías. Es mi comida.
-Ya lo sé, pero cuando las necesitamos…
-¿Comes… bebes sangre? ¿Eres una vampiresa?-preguntó Joel.
-Algo parecido… Y tú.-dijo señalando a Heikki-Menos mal que cuando te encontré no tenía hambre.
Heikki abrió mucho los ojos, pero no dijo nada.
-Estábamos explorando una zona., y os encontramos a los dos. Primero te encontramos a ti.-dijo Darren mirando a Joel-Yo decidí llevarte a la base, pero Franziska siguió explorando. Entonces se encontró contigo-miró a Heikki-Y me llamó. Os trajimos a los dos aquí.
-¿Me… encontraste tú primero?-dijo Heikki mirando a Franziska-Pero yo recuerdo una voz de hombre…
-¿Voz de hombre? ¿Tengo voz de hombre?-preguntó Franziska extrañada-Además, yo no hablé mucho, solamente hablé para avisar a Darren.
-¡No! No eras tú. Era un hombre vestido de negro.
-Ahora que lo dices, creo que yo también lo vi. Antes de desmayarme.-dijo Joel.
-¿Un hombre vestido de negro?-dijo Darren-Puede que haya sido Hakkun…
-Sí, dijo que también iba a explorar por esa zona…-afirmó Franziska.
-Además, que estos dos estén por esa zona es un poco sospechoso…
-Y que vaya el mismísimo Hakkun a explorar, tampoco es coincidencia…
-¿Pero quién es Hakkun?-preguntó Joel.
-Nuestro líder. Probablemente os encontró y os llevó más atrás, para que nosotros os encontráramos… Pero él no suele hacer muchas misiones, si estaba rastreando esa zona…
-Eso significa que hay una base de la SICG cerca. Y una grande, con laboratorios, de dónde se han escapado ellos dos.-aclaró Franziska.
-Puede… ¿Sois mutados, verdad?
-Claro que sí.-dijo Joel.
-¿Y vuestros poderes?
Joel enmudeció de repente. Heikki levantó la vista del auricular y habló:
-Yo… Cuando me enfado me salen alas, pero no me controlo. También puede crear fuego, pero no puedo dirigirlo ni apagarlo.
-Por eso tienes esas heridas en la espalda… De las alas.-dijo Darren. Heikki asintió-¿Y tú?-dijo mirando a Joel.
-A veces puedo leer mentes. Y yo también me transformo cuando me enfado. En una especie de demonio negro. Y también puedo invocarlos, a los demonios, digo.
-¿Puedes invocar demonios? Eso no me lo habías dicho…-dijo Heikki.
-Tú tampoco me habías dicho lo del fuego…
-¿Porqué no invocas a Satanás o a Lucifer y terminamos antes con todo esto? Además, estamos luchando contra la Iglesia…
-Y tú serás el primer jebi rubio que se presentará para el sacrificio ¿Verdad?
-¿Necesitas sacrificios para invocarles?
-A todos no, pero para Satanás o Lucifer… Me parece que sí. Y bastantes. Toda la humanidad, probablemente. –Dijo Joel haciendo aspavientos-Vaya cosas que se te pasan a ti por la cabeza…
-Ya está. Arreglado.-dijo Heikki tendiéndole el auricular a Darren-Tiene rota la pieza que sirve para sujetarlo a la oreja, pero yo creo que al menos funciona.
-También se puede pedir otro nuevo…-dijo Franziska mientras Darren colocaba el pequeño chip dentro del auricular.
-Probando… ¿Hesper, me oyes?
-Perfectamente.-Se oyó una voz aguda que salía del auricular-Espera, que ya estoy allí…
-¿Ya estás aquí?-preguntó Darren sin saber muy bien a lo que se refería.
La puerta se abrió de repente, y apareció Hesper, cargada con bolsos y mochilas, un rifle, y hasta algo que parecía una bomba atado en el cinturón.
-¿Dónde vas con eso?-gritó Darren al verla.
-Tenemos una misión. Ha dicho el jefe que nos llevemos a estos dos también.-dijo mientras señalaba a Heikki y a Joel.
-¿A ellos dos? Pero son nuevos. No sabemos las habilidades que tienen… Es demasiado pronto para mandarles a una misión.-dijo Franziska.
-No sé. Lo ha dicho el jefe.-repitió Hesper-Espero que sea una misión que no sea muy importante…
-¿Y si no es muy importante, porqué llevas todo eso?-preguntó Darren.
-¡Darren! ¡Dame un abrazo!-gritó mientras caminaba hacia él con los brazos extendidos.
-¡No, no, no, no! ¡Aléjate!
Hesper y Joel soltaron una carcajada. Hesper miró a Joel con mala cara.
-¿Prefieres que te abrace a ti?-le dijo.
-No, no, no… No me gusta que me abracen…-dijo Joel nervioso.
-Vamos a enterarnos de que va la misión… Tendremos que salir cuanto antes, mejor. ¿No, Hesper?
Hesper asintió y salió patinando por el pasillo. Los demás la siguieron, pero a cierta distancia de seguridad, por si acaso.
-------------------------------------------------------------------------------------
Relato por LuzOscura 13
-Vaya…-dijo una voz masculina.
Alguien le cogió del cuello de la camisa y tiró de él hacia arriba. Parecía que aquel tipo no tenía cara, o si la tenía, la ocultaba muy bien. Inclinó la cabeza hacia delante, volvió a cerrar los ojos y se desmayó.
Joel se despertó en una habitación pequeña, alargada, sin ventanas, con la iluminación de una única bombilla, colgada del techo. Estaba tumbado encima de una cama, pegada a la pared. Al lado de su cama había otra igual, tan cerca, que podía alcanzarla si extendía el brazo. Sobre la otra cama, estaba tumbada otra persona, bocabajo. Tenía vendado todo el torso, pero la venda que estaba por la zona de la espalda estaba llena de sangre. Entre las dos camas había una percha móvil, con ruedas, para poder desplazarla, como las que utilizan en los hospitales. De la percha colgaba una bolsa de sangre, y de la bolsa de sangre salía un cable que la conectaba con el brazo de la otra persona. Como Joel no le veía la cara, ya que estaba mirando hacia el lado contrario, pegó un gritito para ver si estaba consciente. Al parecer sí lo estaba, porque la otra persona se sobresaltó.
-Oye tú…-le dijo Joel, mientras el otro giraba la cabeza lentamente hacia él-¿Se puede saber quién eres? ¿Dónde estamos?
El otro le miró alzando una ceja.
-Lo mismo te pregunto yo a ti.
-¿Eh? ¿Cómo? ¿Tú no sabes quién soy yo y yo no sé quien eres tú? ¿Y estamos en un sitio que no sabemos dónde está?
-A mí no me preguntes, yo tampoco sé nada. Cuando me he despertado ya estaba aquí, igual que tú.
-¿Cómo hemos llegado hasta aquí, entonces?
-Te he dicho que no sé nada…
Joel miró al otro chico un instante. Después empezó a reírse.
-¿Qué?-dijo el otro chico asustado.
-¡Eres rubio! ¡Es la primera vez que veo un rubio con esos pelos tan largos!
-¿Nunca en tu vida has visto un rubio?
-Bueno, sí… Bastantes. Pero con el pelo tan largo no.
-¿No? Pero si hay muchos como yo.
-Pues tú eres el primer rubio con pelo largo que he visto en persona.
-En mi ciudad hay un montón de chicos con el pelo así.
-¿Y cómo se llama tu ciudad?
-Helsinki.
-¿Y dónde está eso?
El otro chico cerró los ojos y suspiró:
-No me digas que no sabes dónde está. ¿A ti te enseñan geografía?
-Eh… Sí, pero en el orfanato no daban mucha geografía… El nombre me suena de algo…
-La capital de Finlandia.
-¡Ah, sí! En mi orfanato no dábamos casi clases geografía. O si las daban, era tan aburrida que me dormía en las clases.
-No creo que necesites dar mucha geografía para saber cual es la capital de tu país…
-¿Mi país? ¡Yo nací en Dinamarca!
-Perdón, no lo sabía… ¿Y qué hacías por allí? ¿Un viaje de fin de curso?
-¿Qué dices? ¿Un viaje de fin de curso? ¿En mi orfanato? ¿Estás loco? ¡Yo estaba allí, tan tranquilamente y llegaron los tíos locos estos de la iglesia y me raptaron!
-¿A ti también te raptaron?
-¿Eh? No me digas que tú también… ¿Te han mutado?
-¿De que te crees que son las heridas que tengo en la espalda? Y mira.-dijo levantando el brazo izquierdo. Lo tenía cubierto de grupitos de pequeñas escamas, repartidas por todo el brazo. Dónde más tenía era por el dorso de la mano, dónde no se veía ni un trocito de piel. Además, sus dedos terminaban en unas garras.
-¿Qué te han hecho? ¿Te han puesto trozos de pájaro?
-Sí, las alas. Pero me empezaron a salir escamas…
-¿Tienes alas?-exclamó Joel emocionado.
- Si te digo la verdad... Preferiría no tenerlas. ¿Y a ti? ¿También te han mutado?
-Por supuesto. Me transformo en demonio cuando me enfado. Jua, jua, jua. Pero no tengo patas de cabra, ni nada de eso cuando no estoy transformado… Vamos, que no tengo marcas de que sea mutante si no estoy transformado, como tú… Pero mira esto.-Joel sonrió y le enseñó la palma de su mano derecha al otro chico. Tenía una especie de quemadura con forma de estrella-¿A qué mola?
-¿Te lo hicieron ellos?
-No, lo tenía desde hace muchos años… Por tocar cosas que no debo.
-¿Qué cosas?
-Productos corrosivos.
El otro chico suspiró y cerró los ojos. Joel clavó la vista en el techo.
-Por cierto, no me has dicho como te llamas…-dijo sin apartar la vista del techo.
-Heikki.
-¿Heikki?-Joel soltó una risita.
-¿Qué pasa? ¿Algún problema con mi nombre?
-No, sólo me hace gracia como suena…
-¿Y tú?
-Joel.
Pasó un rato, no hablaron nada. Joel seguía sin quitar la vista del techo
-Entonces estabas en un orfanato… ¿No tenías familia?-preguntó Heikki.
-Eso pensaba yo… Hasta que me enteré de que mi padre era de la SICG y mi madre había muerto en uno de esos experimentos suyos…
-¿Cómo? ¿Tú padre es uno de ellos?-gritó Heikki con furia.
-¡Sí, sí, pero a mí no me pegues que no tengo culpa! ¡Él me convirtió en demonio y mató a mi madre!
-¿Pero quién es capaz de matar a su mujer y mutar a su hijo?
-Mi padre. Y mucha gente más de la SICG esa, no te creas… ¿Y tú?
-Yo era… Normal. Tenía un padre una madre, y dos hermanos. Al pequeño le están criando hasta que tenga catorce años para mutarle… Y al mayor le están intentando mutar a pesar de que tiene más de veinte.
-Con más de veinte no se puede mutar.
-Ya lo sé. Están buscando la manera, utilizando de rata de laboratorio a mi hermano.
-¿Y tus padres?
-Les mataron. Ahora que me acuerdo… También se llevaron a los de mi banda…
-¿De tu banda? ¿El qué?
-Mis compañeros, de un grupo de música. Nos raptaron a todos.
-¿Tenías un grupo de música? ¿Qué tipo de música era?-dijo Joel, apartando la vista del techo y observando a Heikki. Pantalón negro con cadenas colgando, pelo largo… Adivinar la respuesta no fue muy difícil-¿Jebi? ¿De jebi metal?
-Calla. Así no se pronuncia.-dijo Heikki metiéndose la mano derecha en el bolsillo. Sacó una especie de artilugio formado por una pantalla, una pequeña cámara y un montón de alambres y cables que salían en todas direcciones. Se colocó aquel artilugio en el ojo, como si fuera una cámara de fotos y empezó a girar una pequeña rueda situada en la parte de arriba de la pantalla-Se dice heavy.
-Eso mismo. ¿Y eso que tienes ahí que es?
-No lo sé. No le he puesto nombre. Una especie de telescopio, diría yo.
-¿De dónde lo has sacado?
-Me lo he construido yo. A partir de trozos de móviles rotos.
-¿Sí? ¿Me lo dejas?
-¿Para qué?
-Quiero verlo.
-Ya lo ves desde aquí.
-Pero quiero ver como se ve a través de eso.
-Si no se ve nada. Se ha vuelto a cascar.-Heikki colocó el artilugio encima de la cama y con una mano sólo, empezó a desmontarlo.
-¿Eh? ¿Pero qué haces? ¡Lo estás rompiendo más!
-No. Yo sé lo que hago. Hay un maldito cable que siempre se suelta…
-¿Y distingues el cable que es, entre todo ese lío?
-De sobra. Siempre es el mismo.
Joel se sentó en la cama y se inclinó hacia delante. Él sólo veía cables de colores, pero, Heikki movía y conectaba los cables a una velocidad asombrosa, como si se supiera de memoria los cables que tenía que conectar y desconectar.
-Ya está.-dijo colocándose otra vez el artilugio en el ojo y girando otra vez la rueda. Joel le miró embobado. Heikki dirigió el aparato hacia él-Cuantas pecas tienes…
-¡Oye! ¿Hay algún problema con mis pecas?-dijo Joel colocando sus manos en las mejillas, el lugar dónde tenía más pecas.
-Las veo tan grandes que parece que tienes más… ¿Qué te pasa en los ojos? Uno lo tienes negro y otro marrón.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a nadie con un ojo de cada color?-Heikki negó-Igual que yo con los fineses rubios y de pelo largo. ¿Quieres dejar de mirarme ya con eso?-dijo Joel nervioso, tapando la pantalla del artilugio.
-Sigo viendo.-Joel gruñó y tapó la cámara-Vaya…
-¡Ja! ¿A que ahora no ves?-Heikki suspiró y se guardó su artilugio en el bolsillo-Bueno, yo voy a ir a ver dónde estamos por lo menos… Que ahí hay una puerta…-dijo señalando la puerta que había, en la misma pared a la que estaba pegada su cama. Esperó a que Heikki dijera algo, pero al ver que ni abría la boca continuó:-Puedes venir tú también.
-Yo no voy. Creo que no puedo ni levantarme. Me duele la espalda. Además, ¿dónde voy con la cosa esta enchufada a mi brazo?-dijo señalando la percha.
-La cosa esa tiene ruedas.
-Pero me duele la espalda cuando estiro la piel. Y manteniéndome de pie, ya estoy estirando la piel.
-Pues ahí te quedas, yo me voy. A mí me daría vergüenza quedarme quieto cuando hay dos hermanos esperando a que yo les rescate…-esperó que Heikki cayera en la trampa para que fuera con él, pero éste le ignoró y volvió a sacar su maquinita de su bolsillo-Eso, eso… Ahí te quedas…-dijo Joel, abriendo la puerta. Se quedó en el umbral de la puerta, esperando a que Heikki dijera algo, pero él seguía con su artilugio. Joel le miró con los ojos entrecerrados y salió al exterior. La habitación de la que había salido estaba en el medio de un largo y estrecho pasillo, sin ventanas, iluminado con bombillas, igual que la habitación. Pudo observar que por un lado no había salida, así que se dirigió hacia el otro. Había puertas iguales a las que él había salido repartidas por todo el pasillo. Cuando llegó al final del pasillo, alguien le golpeó fuertemente en el hombro, lo que le hizo retroceder.
-¡Eh!-se quejó Joel. La persona que le había empujado le observó con los ojos entrecerrados. Era un hombre negro, bastante alto, con el pelo corto y rizado. Después de haberle observado se llevó una mano a la oreja, donde tenía una especie de auricular con un pequeño micrófono y habló:
-Mutante, ya se ha despertado uno de los que habéis traído.-dijo.
-El jebi rubio también se ha despertado.-dijo Joel.
El hombre le miró enfadado.
-Se han despertado los dos…
-Rickon… El de Darren no funciona.-una voz aguda salió del auricular que el hombre llevaba en la oreja. El hombre ya no parecía tan enfadado-Le he puesto su trasmisor al mío. Voy a avisarle. Y a Franzis también.
El hombre pareció enfadado otra vez:
-Sí sí, avisa a los mutantes…-se cruzó de brazos, volvió a mirar a Joel con los ojos entrecerrados, y después miró al techo. Joel le miró con una ceja alzada-¡Mutante! ¿Quieres apartarte de mi vista?-gruñó.
-¿Eh? ¿Por qué no te apartas tú de la mía?-dijo Joel sin entender muy bien, porque el hombre decía eso. Le miró más enfadado que antes aún.
-Escoria…-murmuró. Y volvió a mirar al techo. Joel le miró otra vez con una ceja alzada, como si no entendiera el comportamiento de aquel hombre-Os creéis superiores porque tenéis poderes… ¿Qué miras?-dijo mirando otra vez a Joel.
-Nada.-dijo Joel encogiéndose de hombros.
-¡Vuelve a tu habitación!-dijo el hombre negro dándole un empujón en el hombro. Joel se frotó el brazo y comenzó a caminar por el pasillo otra vez. Se dio cuenta de que todas las habitaciones eran iguales, así que fue mirando una por una. Por suerte, estaban todas vacías.
-¿Qué haces?-le gritó el hombre negro.
-Intentando encontrar mi habitación.
El hombre bufó y volvió a mirar al techo. Pasaron dos minutos hasta que encontró la habitación dónde estaba Heikki.
-¿Ya estás aquí? Si que has durado poco…-le dijo, mientras toqueteaba los cables de su artilugio otra vez.
-Hay un negro que no me deja pasar. Y me ha hecho daño.
Heikki se colocó el artilugio en el ojo por enésima vez, y volvió a girar la ruedecita. Después, se lo tendió a Joel.
-Sujétalo. Voy a intentar sentarme al menos en la cama…
Joel lo cogió ilusionado.
-¿Puedo mirar?-Heikki asintió. Joel se puso el artilugio en el ojo y miró hacia la bolsa de sangre que colgaba de la percha-¡Cómo mola!-gritó al ver como una gota de sangre goteaba de la bolsa, antes de caer al cable. Cuando la gota cayó del todo, Joel se llevó tal susto que apartó el artilugio de su ojo, ya que se veía tan grande que le pareció casi real.
-La ruedecita de arriba es el zoom.-le dijo Heikki. Joel se volvió a colocar el artilugio en el ojo, giró la ruedecita y la dirigió hacia el pelo de Heikki. Aumentó tanto el zoom que, un pelo parecía igual de grueso que una columna griega. Joel soltó una carcajada.
-Vaya pelos que tienes… Oye, esto viene muy bien para ver quien tiene piojos…
-Yo no voy mirando las cabezas de la gente para ver si tienen piojos…
-Ya, pero viene bien, digo. Cuando veas a alguien que se rasca la cabeza, te pones esto y le espías. Si ves bichitos te alejas.
Heikki le ignoró y levantó todo su cuerpo con los brazos, lentamente. Deslizó los pies hacia un lado y se dejó caer, para sentarse del todo. Gritó y echó la espalda lo más atrás que pudo, pero sin llegar a tumbarse. Joel se asustó otra vez, y casi se le cae el aparato.
-Pero vaya grito que has dado…
-Ay, ay, ay. Me duele. No tendría que haberme levantado…
Joel miró hacia todos lados con el aparato. Estaba mirando atentamente el óxido que había en la puerta de hierro, que, cuando se abrió de repente, se sobresaltó otra vez. Entró una chica con patines.
-¡Dame eso que al final se te cae y lo escacharras más!-gritó Heikki. Joel soltó el aparato encima de la cama de Heikki sin perder de vista a la chica. Ésta se asomó al pasillo y volvió a entrar junto a otras dos personas, otra chica y un chico. El chico tenía un auricular, parecido al que tenía el hombre negro de fuera, peor lo levaba en la mano.
-Son estos ¿no?-dijo la chica de los patines.
-Sí-dijo la otra chica, pelirroja y bastante alta.
-¿Vosotros sois amigos de ése que está fuera? ¿Sabéis dónde estamos?-dijo Joel.
-Sí, veníamos a explicáoslo, precisamente… Nosotros os encontramos.-dijo el chico-Estábamos rastreando una zona y os encontramos.
-¿Eh? Cuéntalo todo desde el principio.
-Vosotros ya sabéis todo lo que está pasando. ¿Verdad? La SICG y toda esta historia…-al ver que los dos chicos asintieron, continuó-Bien. Nosotros somos como una especie de rebelión. La fuerza contraria a ella. Atacamos sus bases, destruimos sus armas, liberamos a sus prisioneros… Que además están mutados…
-Vale, vale. Quieres que nos unamos a la rebelión. ¿No es así?-cortó Joel.
-Creo que no tenéis más remedio. Si os dejamos ir puede que la SICG os encuentre y os torturarán hasta que confeséis dónde está nuestra base. Y eso os perjudica a vosotros y a nosotros.
-Yo me iba a unir de todas formas.-dijo Heikki.
-¿Te unes así, sin más?-dijo Joel.
-¿Sin más? Son contrarios a la SICG. Eso ya me sirve de sobra para unirme
-¿Y tú?-preguntó el chico a Joel.
-Yo también. Me da lo mismo… Y si me ayudáis a vengarme de mi padre mejor. Es de la SICG.-terminó Joel antes de que alguien le preguntara-Mató a mi madre.
-Dos miembros más.-sonrió-Mi nombre es Darren, y ellas dos son Franziska y Hesper.-Franziska ladeó la cabeza y Hesper asintió mientras se llevaba la mano derecha al auricular que llevaba en la oreja-¿Y vosotros?
-Heikki.
-Joel.
-¿Sois mutados, verdad? ¿Qué poderes tenéis?
-Oye, Darren.-interrumpió Hesper-Te están llamando por aquí. Tenemos otra misión.
-Maldita sea. Siempre me llaman cuando se me rompe.-dijo Darren señalando el micrófono y el auricular que llevaba en las manos. -Se me rompió en la última misión.
-Trae eso.-dijo Heikki quitándoselo de las manos.
-Don maquinitas.-dijo Joel.
-Hubo una explosión, me caí, y se rompió.
-“Bum”-repitió Hesper-Voy yo en tu lugar, a ver que quieren estos ahora… Os dejo el trasmisor, por si acaso… Don maquinitas… digo, Heikki lo arregla.-Hesper le dio a Darren un pequeño chip que sacó de su auricular y Joel soltó una carcajada. Heikki actuó como si no hubiera escuchado nada, y empezó a desmontar el auricular. Hesper salió patinando de la habitación.
-Ahora que me fijo, tú también eres rubio.-le dijo Joel a Darren.
-Eso era mi comida.-dijo Franziska, antes de que Darren contestará a Joel, señalando la bolsa de sangre que colgaba de la percha. Joel la miró con los ojos muy abiertos y Heikki levantó la vista del auricular, transformado en alambres.
-Franzis, ya has comido.-dijo Darren suspirando-Y tenemos muchísimas bolsas como esa.
-Pero son mías. Es mi comida.
-Ya lo sé, pero cuando las necesitamos…
-¿Comes… bebes sangre? ¿Eres una vampiresa?-preguntó Joel.
-Algo parecido… Y tú.-dijo señalando a Heikki-Menos mal que cuando te encontré no tenía hambre.
Heikki abrió mucho los ojos, pero no dijo nada.
-Estábamos explorando una zona., y os encontramos a los dos. Primero te encontramos a ti.-dijo Darren mirando a Joel-Yo decidí llevarte a la base, pero Franziska siguió explorando. Entonces se encontró contigo-miró a Heikki-Y me llamó. Os trajimos a los dos aquí.
-¿Me… encontraste tú primero?-dijo Heikki mirando a Franziska-Pero yo recuerdo una voz de hombre…
-¿Voz de hombre? ¿Tengo voz de hombre?-preguntó Franziska extrañada-Además, yo no hablé mucho, solamente hablé para avisar a Darren.
-¡No! No eras tú. Era un hombre vestido de negro.
-Ahora que lo dices, creo que yo también lo vi. Antes de desmayarme.-dijo Joel.
-¿Un hombre vestido de negro?-dijo Darren-Puede que haya sido Hakkun…
-Sí, dijo que también iba a explorar por esa zona…-afirmó Franziska.
-Además, que estos dos estén por esa zona es un poco sospechoso…
-Y que vaya el mismísimo Hakkun a explorar, tampoco es coincidencia…
-¿Pero quién es Hakkun?-preguntó Joel.
-Nuestro líder. Probablemente os encontró y os llevó más atrás, para que nosotros os encontráramos… Pero él no suele hacer muchas misiones, si estaba rastreando esa zona…
-Eso significa que hay una base de la SICG cerca. Y una grande, con laboratorios, de dónde se han escapado ellos dos.-aclaró Franziska.
-Puede… ¿Sois mutados, verdad?
-Claro que sí.-dijo Joel.
-¿Y vuestros poderes?
Joel enmudeció de repente. Heikki levantó la vista del auricular y habló:
-Yo… Cuando me enfado me salen alas, pero no me controlo. También puede crear fuego, pero no puedo dirigirlo ni apagarlo.
-Por eso tienes esas heridas en la espalda… De las alas.-dijo Darren. Heikki asintió-¿Y tú?-dijo mirando a Joel.
-A veces puedo leer mentes. Y yo también me transformo cuando me enfado. En una especie de demonio negro. Y también puedo invocarlos, a los demonios, digo.
-¿Puedes invocar demonios? Eso no me lo habías dicho…-dijo Heikki.
-Tú tampoco me habías dicho lo del fuego…
-¿Porqué no invocas a Satanás o a Lucifer y terminamos antes con todo esto? Además, estamos luchando contra la Iglesia…
-Y tú serás el primer jebi rubio que se presentará para el sacrificio ¿Verdad?
-¿Necesitas sacrificios para invocarles?
-A todos no, pero para Satanás o Lucifer… Me parece que sí. Y bastantes. Toda la humanidad, probablemente. –Dijo Joel haciendo aspavientos-Vaya cosas que se te pasan a ti por la cabeza…
-Ya está. Arreglado.-dijo Heikki tendiéndole el auricular a Darren-Tiene rota la pieza que sirve para sujetarlo a la oreja, pero yo creo que al menos funciona.
-También se puede pedir otro nuevo…-dijo Franziska mientras Darren colocaba el pequeño chip dentro del auricular.
-Probando… ¿Hesper, me oyes?
-Perfectamente.-Se oyó una voz aguda que salía del auricular-Espera, que ya estoy allí…
-¿Ya estás aquí?-preguntó Darren sin saber muy bien a lo que se refería.
La puerta se abrió de repente, y apareció Hesper, cargada con bolsos y mochilas, un rifle, y hasta algo que parecía una bomba atado en el cinturón.
-¿Dónde vas con eso?-gritó Darren al verla.
-Tenemos una misión. Ha dicho el jefe que nos llevemos a estos dos también.-dijo mientras señalaba a Heikki y a Joel.
-¿A ellos dos? Pero son nuevos. No sabemos las habilidades que tienen… Es demasiado pronto para mandarles a una misión.-dijo Franziska.
-No sé. Lo ha dicho el jefe.-repitió Hesper-Espero que sea una misión que no sea muy importante…
-¿Y si no es muy importante, porqué llevas todo eso?-preguntó Darren.
-¡Darren! ¡Dame un abrazo!-gritó mientras caminaba hacia él con los brazos extendidos.
-¡No, no, no, no! ¡Aléjate!
Hesper y Joel soltaron una carcajada. Hesper miró a Joel con mala cara.
-¿Prefieres que te abrace a ti?-le dijo.
-No, no, no… No me gusta que me abracen…-dijo Joel nervioso.
-Vamos a enterarnos de que va la misión… Tendremos que salir cuanto antes, mejor. ¿No, Hesper?
Hesper asintió y salió patinando por el pasillo. Los demás la siguieron, pero a cierta distancia de seguridad, por si acaso.
-------------------------------------------------------------------------------------
Relato por LuzOscura 13
domingo, 11 de enero de 2009
Introducción: Por los aires
Año dos mil treinta y uno. La Iglesia Cristiana ha dominado el mundo tras varias expansiones vaticanas y conspiraciones internas. La censura ha hecho acto de presencia tras casi trescientos años sin intervenir, la tecnología y la ciencia se han visto seriamente mermadas, al igual que la gente de a pie está volviendo, poco a poco, a la edad media.
Empiezan a frecuentarse las desapariciones de jóvenes de edades comprendidas entre los catorce y los veinte años, nunca vuelven a ser vistos, no al menos como eran antes, y el terror es sembrado por los inquisidores y los altos cargos eclesiásticos, a cualquiera se le acusa como hereje y es capturado y, según se cree, posteriormente, torturado.
Se ha establecido un severo toque de queda mundial nada más caer la noche, entonces, los inquisidores empiezan a pasear libremente por las calles, más que por el día al menos.
Entre semejante caos, se rumorea que existe cierto grupo, algunos los califican de terroristas por sus métodos, otros de rebeldes por su oposición a la SICG y otros, de libertadores.
Se desconoce quiénes son los componentes de este grupo y su localización, al igual que su líder es un completo desconocido, sólo se sabe que los miembros de dicho grupo son gente extrañamente joven para las habilidades que poseen. Raras veces actúan abiertamente, y cuando lo hacen, se aseguran de no dejar huella alguna, ni siquiera en las escaramuzas que realizan contra las patrullas inquisidoras. Todo aquel que pretende buscarlos no los encuentra, pues ellos acaban por encontrarle a él.
La noche del veintiocho de Septiembre, en la ciudad de Londres, fue una de las múltiples misiones de este grupo rebelde. En el puro centro de la ciudad, cerca de un arsenal de la SICG.
El único objetivo que tenían era reventar aquel arsenal y dejar a los inquisidores desaprovisionados. Los edificios se alzaban altos y arrogantes sobre las cabezas de los cinco resistentes, escondidos en un oscuro callejón apenas iluminado por una farola estropeada, que parpadeaba de cuando en cuando.
Era un callejón sin salida, únicamente habitado por unas pocas ratas y un par de gatos callejeros abandonados a su suerte. En el callejón apenas cabrían dos personas anchas de hombros, a ambos lados había dos cubos de la basura a rebosar, como si ya llevasen varias semanas sin ser recogidos. Había un resistente más avanzado que sus compañeros, completamente vestido de negro, una cuchilla en la parte de detrás de la espalda, lo suficientemente accesible como para sacarla de su funda con una mano y poder defenderse decentemente. Llevaba en una mano una pequeña pistola alargada, de metal oscuro, aparentemente una aleación de hierro con algún otro material más resistente. Tenía una única palanca a parte del gatillo, y los cartuchos se cargaban por la parte trasera del cañón. Su traje, por otra banda, iba recubierto por una tela negra que lo ocultaba en las sombras, mientras que debajo de esa fachada llevaba unas férreas placas capaces de detener varias balas.
-Darren, informa de la situación.-Salió una voz masculina, seria y fría del auricular pegado a la oreja del joven noruego. Otros cuatro integrantes de la rebelión estaban con él. Todos vestidos de la misma manera, con trajes completamente negros y un casco ocultándoles el pelo, los rasgos faciales y los ojos, mediante un cristal ahumado replegable de los cascos. No se les veía absolutamente nada, sólo sus negras figuras y las armas que portaban.
-Todo despejado.-Informó susurrando al micrófono del casco, localizado delante de su boca. Acto seguido, levantó un brazo, indicando a sus compañeros que lo siguieran. Las cuatro figuras se movieron con rapidez y agilidad. Una apenas llevaba armamento, unos pocos puñales y un revólver, mientras que otra se movía sobre unos patines con muchísima rapidez y agilidad. Iba cargada con un pesado mochilón que a saber qué contenía y varias armas atadas a su cintura y piernas. Las otras dos, caminaron con ligereza, pero no de manera tan rápida como los otros dos rebeldes, sino más calmados.
-Franzis, adelántate.-Pidió de nuevo la voz. La vocecilla de una muchacha floreció de los auriculares:
-Sin problema.-Aseguró mientras se empezaba a moverse con el sigilo equiparable al de una pantera. Tardó unos pocos segundos, antes de que su voz volviese a los oídos de sus compañeros:
-Todo despejado, venid.-Empezaron a caminar de nuevo con presteza, saliendo a la calle principal iluminada por las farolas de luz blancuzca. Era una calle ancha, casi impecable menos por un par de marcas en el asfalto causa de los frenazos de algún vehículo. Se notaba que la SICG imponía orden, pues harían unos diez años, aquello estaría lleno de juerguistas por ser un viernes por la noche, y más habiendo un bar de copas en un callejón cercano y una discoteca en la acera de enfrente. Las luces de los edificios estaban encendidas y a través de algunas se podía apreciar alguna que otra silueta, hombres, mujeres, ancianos, niños... Darren miró hacia uno de los hogares, añorando lo que antaño había sido su casa antes de que los inquisidores entrasen y asesinasen a toda su familia.
-Vamos, ¡Daros prisa!-Exclamó de nuevo la exploradora que se había agazapado detrás de un banco.-¡Apenas nos faltan quinientos metros para llegar al arsenal!-Darren se llevó una mano al oído, ya que al levantar la voz, el auricular también cogió demasiado volumen.
-¡Franziska, no grites tanto, que te pueden oír!-Exclamó por lo bajo mientras avanzaba mirando a todos lados hasta la próxima sombra.
-Lo siento, pero es mi tono de voz.-Susurró a continuación mientras los otros llegaban.
-Pues entonces tendremos que salir por patas... o reventar algo, vaya.-Contestó irónicamente la muchacha de los patines, que acababa de llegar detrás del banco.
-Callaos y seguid con la misión, maldita sea.-Los regañó la voz masculina de antes.
-Sí, señor.-Contestaron los tres a la vez mientras se disponían a seguir avanzando. Continuaron con la misma metodología durante todo el trayecto hasta el arsenal, una brutal nave cupular, aparentemente de unos treinta metros de ancho y unos diez de alto, tras una enorme verja que conformaba el patio de maniobras del recinto.
Dos guardias apostados a cada lado de la puerta de la verja, con rifles de asalto comunes y corrientes. Darren al verlos, se echó a un lado, ocultándose entre las sombras, al igual que sus compañeros. A juzgar por sus uniformes, serían soldados de a pié, hombres no mutados normales y corrientes.
-Hesper, dime que te traes el M40 que reformaste el otro día.-Pidió retóricamente el fusilero mientras la muchacha sacaba un rifle despiezado en varias partes de su enorme mochila.
-¿Me tomas por una aficionada?-Preguntó la artillera mientras montaba el rifle y lo cargaba con varias balas, una pequeña modificación suya, para ahorrar tantos tiempos de recarga inútiles. Le colocó un silenciador en el cañón y le montó la mirilla telescópica. Era un rifle realmente letal si caía en las manos adecuadas. Medía casi metro y medio, el metro que consumía era del cañón, el otro medio metro, del resto del arma. Tenía unas pequeñas modificaciones en la cámara de recarga, pues le había colocado un engranaje que aumentaba su capacidad de carga en seis cargas más. Se lo tendió al joven noruego, que se cargó la culata al hombro y levantaba el cristal ahumado para acercar el ojo a la mira.-No falles, no me quedan muchas balas.-Sugirió irónicamente.
-Tranquila, nunca fallo.-Aseguró mientras apuntaba a la cabeza de uno de los guardias.
-Más te vale si no quieres que salgamos escaldados de aquí.-Sonrió Franziska mientras se cruzaba de brazos, oculta detrás de una pared.
-Callaros y dejadme hacer...-Cortó el joven, apretando el gatillo. Notó cómo el retroceso le hacía daño en el hombro, pero no se frenó y giró inmediatamente, disparando al segundo guardia, que parecía haberse dado cuenta del disparo. Observó que cuando disparó, apenas hubo ruido, y que al entrar en contacto con la cabeza de sus enemigos, las balas explotaban, haciendo un inmenso boquete en la parte trasera del cuerpo.
Ambos cayeron al suelo, con una bala de francotirador en la cabeza, mientras la sangre se desparramaba por el suelo y las vísceras manchaban la verja.-¿Una munición nueva?-Preguntó dándole el rifle a su compañera, al ver que las balas explotaban al entrar en contacto con el cuerpo de los adversarios.
-Sí, ¿Te gusta?-Preguntó mientras despiezaba de nuevo el rifle y lo metía apresuradamente dentro de la mochila.
-Demasiado pringoso.
-Pero efectivo.-Observó Franziska mirando la sangre con cierta ansiedad. Detectando las intenciones de la exploradora, Darren la advirtió mientras se bajaba de nuevo el cristal:
-Ya comerás cuando lleguemos a casa, contrólate.-La adolescente asintió y tragó saliva mientras empezaba a andar, pasando por encima de los cadáveres. Los cinco soldados llegaron al pie de la colosal estructura. Aparentemente estaba completamente desprotegida, y eso sólo hizo que se pusieran aún más tensos de lo que ya estaban.
Darren intentó abrir la puerta, pero vio que no tenía manilla para abrir. A la izquierda había una consola de comandos para introducir una contraseña.
-Genial... Doc, crees que puedes...-Señaló la consola. Uno de los otros dos asintió con un leve cabeceo. Rebuscó en una de las faltriqueras y sacó una pequeña maquinita rectangular que encendió pulsando un botón. Conectó un par de enchufes USB a la parte inferior de la consola y una serie de comandos empezaron a aparecer en la pantalla del artefacto.
-Uf... Esto me llevará un momento, necesitaremos algo de tiempo. Cubridme.-Pidió mientras sus compañeros lo rodeaban, armas en alto. Darren estaba paranoico, alerta, mirando tanto a cielo como a tierra, muerto de miedo. Sacó una de las pistolas de las fundas y apuntó a todos lados. Giró la palanca, haciendo que el agujero del cañón se volviese más estrecho y se oyese un pequeño ruidito de engranajes en el interior del arma, anunciando que acababa de cambiar de calibre.
“Esto les hará más daño, al menos dispara más rápido” Pensó para sí mirando hacia su lateral, con Hesper portando una escopeta recortada bajo su brazo. A diferencia del resto de armas, ésta no estaba retocada, aunque el fusilero estaba más que seguro de que la astuta artillera habría inventado algún tipo de munición para que resultase más letal de lo habitual... Incluso si erraba el tiro, como si su habilidad con las armas de fuego no fuese suficiente. Pasaron varios minutos que al rebelde se le hicieron horas, mientras oía el incesante pitido del hacker trabajando con su pequeña consola.
-Bien chicos, esto parece que ya está... Dejadme desactivar el sistema de seguridad y podemos entrar y reventar este arsenal.-Al oír esas palabras por su auricular, Hesper sonrió, mientras miraba a todos lados, hiperactiva. Oyeron el sonido de la puerta al abrirse.
-Venga, a reventar armas se ha dicho.-Dijo el otro fusilero que los acompañaba. Entraron dentro del enorme arsenal, una brutal planta llena de cajas con toda clase de armas. Las cajas estaban apiladas unas encima de otras, llegando a ser columnas de hasta diez contenedores de puro metal. Darren cogió la cuchilla de su espalda y destapó una de las cajas y miró su contenido con cuidado, evitando que la tapa cayese. Eran varios francotiradores, aparentemente de una gama nueva, pues tenían una especie de contador, y no llevaban recámara para municiones, sino... Una batería conectada.
-Hesper, creo que deberías de mirar esto.-Dijo en un susurro. Su compañera se acercó y miró los francotiradores, observándolos con ojos de lince.
-Francotiradores de electroimpulsos. No valen para matar, pero sí para dejar paralizados a tus objetivos... Aunque estos... Tienen algo raro...-Miró la batería que llevaba incrustada.-Olvida lo dicho, Dar, estos son puras máquinas de asesinato, en lugar de dar una sacudida eléctrica, te dan una descarga entera... De un disparo son capaces de matarte, den donde te den.-Advirtió mientras le señalaba la cifra que tenía la batería.
-Vamos, que más nos vale cargarnos esto cuanto antes, ¿Cierto?-Preguntó el fusilero mientras caminaba entre columna y columna de cajas, mirando a ver si habría algún guardia.-Franzis, necesito que mires a lo largo del pasillo.-Ordenó mientras la muchacha asentía, corriendo con velocidad y sigilo.
-Hay en total dos guardias haciendo patrulla, Darren.
-¿Qué recorrido llevan?-Preguntó en un susurro, con la pistola en alto, por si se acercaba algún guardia.
-Por lo que veo casi siempre están por el fondo, pero a veces pasan por el centro.-Informó mientras su voz sonaba en el auricular, en susurros perfectamente perceptibles.
-Entonces, creo que puedo dejarles una sorpresita.-Sonrió Hesper en un susurro mientras rebuscaba algo en su mochila.-Darren, coge la caja esta.-Señaló la que contenía los francotiradores.-Yo les dejaré un “regalito”-Emitió una risita pícara mientras sacaba varios cartuchos de dinamita con un temporizador añadido.-Franzis, ¿Cada cuánto tiempo pasan por el centro?-Preguntó mientras cogía un pequeño destornillador de una de sus botas e iba programando el reloj.
-Unos diez minutos.-Observó la exploradora desde lo alto de las cajas. Bajó agarrándose a las irregularidades de las columnas.-¿Por qué?-Preguntó, pero al ver la carga de dinamita, interrumpió: -Olvídalo.-La artillera rompió un pequeño cartucho de bala que contenía aceite en su interior y, en un papelito que pegó en la carta, escribió algo.
-Llévales esto al centro.-Le pidió a la exploradora tendiéndole la carga con el temporizador activado. Asintió y al cabo de un rato, volvió.
-Ahora, salgamos pitando.-Dijo el hacker mientras salía por la puerta.
-Adiós.-Se despidió la artillera mirando a las columnas de caja, mientras Darren cargaba a duras penas con una de las pesadas cajas de acero con los francotiradores en su interior. Cuando estuvieron todos fuera, ya habían pasado cinco minutos.
-Larguémonos a toda ostia, ¡Ya!-Susurró el fusilero echando a correr. Todos echaron a correr, menos Darren.
-¡No me dejéis solo! ¡Que no puedo con tanto peso!-Apenas daba caminado, aquello debían de ser más de cincuenta kilos de armas, más otros quince kilos de acero del contenedor. Fue caminando con lentitud, hasta que, sacando fuerzas de la debilidad, consiguió echar a correr al trote, a sabiendas de que si no se alejaba con rapidez, iba a acabar más chamuscado que el trasero de un cerdo en una barbacoa.
-¡Vamos Dar, corre, corre!-Exclamó Franziska apremiándolo cien metros más adelante.
-¡Ya voy, ya voy, maldita sea!-Gritó mientras corría exhausto por todo el peso que estaba cargando. Un minuto. Aceleró el ritmo, pero las piernas le iban fallando poco a poco, a cada paso que daba, su fuerza iba mermándose, a pesar de su excelente preparación física. Treinta segundos. Veinte. Diez. Nueve, ocho... Oyó la explosión, y a continuación, el vítor de la joven artillera, seguido de las carcajadas de ésta. La onda expansiva pareció ser un muro de piedra que se movía, pues tal fue la fuerza de la bomba, que tiró a Darren al suelo, junto a los apreciados rifles de descarga.
-Oye, Hesper, ¿qué era lo que anotaste en la bomba?-Preguntó Franziska acercándose a ayudar a su compañero a levantarse y a recoger los rifles.
-“Bum”-Aclaró la artillera acercándose con los patines a recoger también los francotiradores.
-Muy ingeniosa.-Satirizó Darren mientras volvía a cargar con la pesada caja.-Larguémonos, en nada llegarán los policías.-Advirtió mientras ya se empezaban a oír cómo los coches se iban acercando y avistaba cómo la gente a lo lejos empezaba a despertarse sobresaltada por culpa del estruendo. Empezaron a oír cómo los helicópteros de la SICG se acercaban, a ver lo sucedido. Darren echó una última ojeada a la antes enorme estructura, ahora mismo convertida en un amasijo de hierros derretida a causa de la explosión que la hizo volar por los aires.
----
Relato por Drazharm.
Empiezan a frecuentarse las desapariciones de jóvenes de edades comprendidas entre los catorce y los veinte años, nunca vuelven a ser vistos, no al menos como eran antes, y el terror es sembrado por los inquisidores y los altos cargos eclesiásticos, a cualquiera se le acusa como hereje y es capturado y, según se cree, posteriormente, torturado.
Se ha establecido un severo toque de queda mundial nada más caer la noche, entonces, los inquisidores empiezan a pasear libremente por las calles, más que por el día al menos.
Entre semejante caos, se rumorea que existe cierto grupo, algunos los califican de terroristas por sus métodos, otros de rebeldes por su oposición a la SICG y otros, de libertadores.
Se desconoce quiénes son los componentes de este grupo y su localización, al igual que su líder es un completo desconocido, sólo se sabe que los miembros de dicho grupo son gente extrañamente joven para las habilidades que poseen. Raras veces actúan abiertamente, y cuando lo hacen, se aseguran de no dejar huella alguna, ni siquiera en las escaramuzas que realizan contra las patrullas inquisidoras. Todo aquel que pretende buscarlos no los encuentra, pues ellos acaban por encontrarle a él.
La noche del veintiocho de Septiembre, en la ciudad de Londres, fue una de las múltiples misiones de este grupo rebelde. En el puro centro de la ciudad, cerca de un arsenal de la SICG.
El único objetivo que tenían era reventar aquel arsenal y dejar a los inquisidores desaprovisionados. Los edificios se alzaban altos y arrogantes sobre las cabezas de los cinco resistentes, escondidos en un oscuro callejón apenas iluminado por una farola estropeada, que parpadeaba de cuando en cuando.
Era un callejón sin salida, únicamente habitado por unas pocas ratas y un par de gatos callejeros abandonados a su suerte. En el callejón apenas cabrían dos personas anchas de hombros, a ambos lados había dos cubos de la basura a rebosar, como si ya llevasen varias semanas sin ser recogidos. Había un resistente más avanzado que sus compañeros, completamente vestido de negro, una cuchilla en la parte de detrás de la espalda, lo suficientemente accesible como para sacarla de su funda con una mano y poder defenderse decentemente. Llevaba en una mano una pequeña pistola alargada, de metal oscuro, aparentemente una aleación de hierro con algún otro material más resistente. Tenía una única palanca a parte del gatillo, y los cartuchos se cargaban por la parte trasera del cañón. Su traje, por otra banda, iba recubierto por una tela negra que lo ocultaba en las sombras, mientras que debajo de esa fachada llevaba unas férreas placas capaces de detener varias balas.
-Darren, informa de la situación.-Salió una voz masculina, seria y fría del auricular pegado a la oreja del joven noruego. Otros cuatro integrantes de la rebelión estaban con él. Todos vestidos de la misma manera, con trajes completamente negros y un casco ocultándoles el pelo, los rasgos faciales y los ojos, mediante un cristal ahumado replegable de los cascos. No se les veía absolutamente nada, sólo sus negras figuras y las armas que portaban.
-Todo despejado.-Informó susurrando al micrófono del casco, localizado delante de su boca. Acto seguido, levantó un brazo, indicando a sus compañeros que lo siguieran. Las cuatro figuras se movieron con rapidez y agilidad. Una apenas llevaba armamento, unos pocos puñales y un revólver, mientras que otra se movía sobre unos patines con muchísima rapidez y agilidad. Iba cargada con un pesado mochilón que a saber qué contenía y varias armas atadas a su cintura y piernas. Las otras dos, caminaron con ligereza, pero no de manera tan rápida como los otros dos rebeldes, sino más calmados.
-Franzis, adelántate.-Pidió de nuevo la voz. La vocecilla de una muchacha floreció de los auriculares:
-Sin problema.-Aseguró mientras se empezaba a moverse con el sigilo equiparable al de una pantera. Tardó unos pocos segundos, antes de que su voz volviese a los oídos de sus compañeros:
-Todo despejado, venid.-Empezaron a caminar de nuevo con presteza, saliendo a la calle principal iluminada por las farolas de luz blancuzca. Era una calle ancha, casi impecable menos por un par de marcas en el asfalto causa de los frenazos de algún vehículo. Se notaba que la SICG imponía orden, pues harían unos diez años, aquello estaría lleno de juerguistas por ser un viernes por la noche, y más habiendo un bar de copas en un callejón cercano y una discoteca en la acera de enfrente. Las luces de los edificios estaban encendidas y a través de algunas se podía apreciar alguna que otra silueta, hombres, mujeres, ancianos, niños... Darren miró hacia uno de los hogares, añorando lo que antaño había sido su casa antes de que los inquisidores entrasen y asesinasen a toda su familia.
-Vamos, ¡Daros prisa!-Exclamó de nuevo la exploradora que se había agazapado detrás de un banco.-¡Apenas nos faltan quinientos metros para llegar al arsenal!-Darren se llevó una mano al oído, ya que al levantar la voz, el auricular también cogió demasiado volumen.
-¡Franziska, no grites tanto, que te pueden oír!-Exclamó por lo bajo mientras avanzaba mirando a todos lados hasta la próxima sombra.
-Lo siento, pero es mi tono de voz.-Susurró a continuación mientras los otros llegaban.
-Pues entonces tendremos que salir por patas... o reventar algo, vaya.-Contestó irónicamente la muchacha de los patines, que acababa de llegar detrás del banco.
-Callaos y seguid con la misión, maldita sea.-Los regañó la voz masculina de antes.
-Sí, señor.-Contestaron los tres a la vez mientras se disponían a seguir avanzando. Continuaron con la misma metodología durante todo el trayecto hasta el arsenal, una brutal nave cupular, aparentemente de unos treinta metros de ancho y unos diez de alto, tras una enorme verja que conformaba el patio de maniobras del recinto.
Dos guardias apostados a cada lado de la puerta de la verja, con rifles de asalto comunes y corrientes. Darren al verlos, se echó a un lado, ocultándose entre las sombras, al igual que sus compañeros. A juzgar por sus uniformes, serían soldados de a pié, hombres no mutados normales y corrientes.
-Hesper, dime que te traes el M40 que reformaste el otro día.-Pidió retóricamente el fusilero mientras la muchacha sacaba un rifle despiezado en varias partes de su enorme mochila.
-¿Me tomas por una aficionada?-Preguntó la artillera mientras montaba el rifle y lo cargaba con varias balas, una pequeña modificación suya, para ahorrar tantos tiempos de recarga inútiles. Le colocó un silenciador en el cañón y le montó la mirilla telescópica. Era un rifle realmente letal si caía en las manos adecuadas. Medía casi metro y medio, el metro que consumía era del cañón, el otro medio metro, del resto del arma. Tenía unas pequeñas modificaciones en la cámara de recarga, pues le había colocado un engranaje que aumentaba su capacidad de carga en seis cargas más. Se lo tendió al joven noruego, que se cargó la culata al hombro y levantaba el cristal ahumado para acercar el ojo a la mira.-No falles, no me quedan muchas balas.-Sugirió irónicamente.
-Tranquila, nunca fallo.-Aseguró mientras apuntaba a la cabeza de uno de los guardias.
-Más te vale si no quieres que salgamos escaldados de aquí.-Sonrió Franziska mientras se cruzaba de brazos, oculta detrás de una pared.
-Callaros y dejadme hacer...-Cortó el joven, apretando el gatillo. Notó cómo el retroceso le hacía daño en el hombro, pero no se frenó y giró inmediatamente, disparando al segundo guardia, que parecía haberse dado cuenta del disparo. Observó que cuando disparó, apenas hubo ruido, y que al entrar en contacto con la cabeza de sus enemigos, las balas explotaban, haciendo un inmenso boquete en la parte trasera del cuerpo.
Ambos cayeron al suelo, con una bala de francotirador en la cabeza, mientras la sangre se desparramaba por el suelo y las vísceras manchaban la verja.-¿Una munición nueva?-Preguntó dándole el rifle a su compañera, al ver que las balas explotaban al entrar en contacto con el cuerpo de los adversarios.
-Sí, ¿Te gusta?-Preguntó mientras despiezaba de nuevo el rifle y lo metía apresuradamente dentro de la mochila.
-Demasiado pringoso.
-Pero efectivo.-Observó Franziska mirando la sangre con cierta ansiedad. Detectando las intenciones de la exploradora, Darren la advirtió mientras se bajaba de nuevo el cristal:
-Ya comerás cuando lleguemos a casa, contrólate.-La adolescente asintió y tragó saliva mientras empezaba a andar, pasando por encima de los cadáveres. Los cinco soldados llegaron al pie de la colosal estructura. Aparentemente estaba completamente desprotegida, y eso sólo hizo que se pusieran aún más tensos de lo que ya estaban.
Darren intentó abrir la puerta, pero vio que no tenía manilla para abrir. A la izquierda había una consola de comandos para introducir una contraseña.
-Genial... Doc, crees que puedes...-Señaló la consola. Uno de los otros dos asintió con un leve cabeceo. Rebuscó en una de las faltriqueras y sacó una pequeña maquinita rectangular que encendió pulsando un botón. Conectó un par de enchufes USB a la parte inferior de la consola y una serie de comandos empezaron a aparecer en la pantalla del artefacto.
-Uf... Esto me llevará un momento, necesitaremos algo de tiempo. Cubridme.-Pidió mientras sus compañeros lo rodeaban, armas en alto. Darren estaba paranoico, alerta, mirando tanto a cielo como a tierra, muerto de miedo. Sacó una de las pistolas de las fundas y apuntó a todos lados. Giró la palanca, haciendo que el agujero del cañón se volviese más estrecho y se oyese un pequeño ruidito de engranajes en el interior del arma, anunciando que acababa de cambiar de calibre.
“Esto les hará más daño, al menos dispara más rápido” Pensó para sí mirando hacia su lateral, con Hesper portando una escopeta recortada bajo su brazo. A diferencia del resto de armas, ésta no estaba retocada, aunque el fusilero estaba más que seguro de que la astuta artillera habría inventado algún tipo de munición para que resultase más letal de lo habitual... Incluso si erraba el tiro, como si su habilidad con las armas de fuego no fuese suficiente. Pasaron varios minutos que al rebelde se le hicieron horas, mientras oía el incesante pitido del hacker trabajando con su pequeña consola.
-Bien chicos, esto parece que ya está... Dejadme desactivar el sistema de seguridad y podemos entrar y reventar este arsenal.-Al oír esas palabras por su auricular, Hesper sonrió, mientras miraba a todos lados, hiperactiva. Oyeron el sonido de la puerta al abrirse.
-Venga, a reventar armas se ha dicho.-Dijo el otro fusilero que los acompañaba. Entraron dentro del enorme arsenal, una brutal planta llena de cajas con toda clase de armas. Las cajas estaban apiladas unas encima de otras, llegando a ser columnas de hasta diez contenedores de puro metal. Darren cogió la cuchilla de su espalda y destapó una de las cajas y miró su contenido con cuidado, evitando que la tapa cayese. Eran varios francotiradores, aparentemente de una gama nueva, pues tenían una especie de contador, y no llevaban recámara para municiones, sino... Una batería conectada.
-Hesper, creo que deberías de mirar esto.-Dijo en un susurro. Su compañera se acercó y miró los francotiradores, observándolos con ojos de lince.
-Francotiradores de electroimpulsos. No valen para matar, pero sí para dejar paralizados a tus objetivos... Aunque estos... Tienen algo raro...-Miró la batería que llevaba incrustada.-Olvida lo dicho, Dar, estos son puras máquinas de asesinato, en lugar de dar una sacudida eléctrica, te dan una descarga entera... De un disparo son capaces de matarte, den donde te den.-Advirtió mientras le señalaba la cifra que tenía la batería.
-Vamos, que más nos vale cargarnos esto cuanto antes, ¿Cierto?-Preguntó el fusilero mientras caminaba entre columna y columna de cajas, mirando a ver si habría algún guardia.-Franzis, necesito que mires a lo largo del pasillo.-Ordenó mientras la muchacha asentía, corriendo con velocidad y sigilo.
-Hay en total dos guardias haciendo patrulla, Darren.
-¿Qué recorrido llevan?-Preguntó en un susurro, con la pistola en alto, por si se acercaba algún guardia.
-Por lo que veo casi siempre están por el fondo, pero a veces pasan por el centro.-Informó mientras su voz sonaba en el auricular, en susurros perfectamente perceptibles.
-Entonces, creo que puedo dejarles una sorpresita.-Sonrió Hesper en un susurro mientras rebuscaba algo en su mochila.-Darren, coge la caja esta.-Señaló la que contenía los francotiradores.-Yo les dejaré un “regalito”-Emitió una risita pícara mientras sacaba varios cartuchos de dinamita con un temporizador añadido.-Franzis, ¿Cada cuánto tiempo pasan por el centro?-Preguntó mientras cogía un pequeño destornillador de una de sus botas e iba programando el reloj.
-Unos diez minutos.-Observó la exploradora desde lo alto de las cajas. Bajó agarrándose a las irregularidades de las columnas.-¿Por qué?-Preguntó, pero al ver la carga de dinamita, interrumpió: -Olvídalo.-La artillera rompió un pequeño cartucho de bala que contenía aceite en su interior y, en un papelito que pegó en la carta, escribió algo.
-Llévales esto al centro.-Le pidió a la exploradora tendiéndole la carga con el temporizador activado. Asintió y al cabo de un rato, volvió.
-Ahora, salgamos pitando.-Dijo el hacker mientras salía por la puerta.
-Adiós.-Se despidió la artillera mirando a las columnas de caja, mientras Darren cargaba a duras penas con una de las pesadas cajas de acero con los francotiradores en su interior. Cuando estuvieron todos fuera, ya habían pasado cinco minutos.
-Larguémonos a toda ostia, ¡Ya!-Susurró el fusilero echando a correr. Todos echaron a correr, menos Darren.
-¡No me dejéis solo! ¡Que no puedo con tanto peso!-Apenas daba caminado, aquello debían de ser más de cincuenta kilos de armas, más otros quince kilos de acero del contenedor. Fue caminando con lentitud, hasta que, sacando fuerzas de la debilidad, consiguió echar a correr al trote, a sabiendas de que si no se alejaba con rapidez, iba a acabar más chamuscado que el trasero de un cerdo en una barbacoa.
-¡Vamos Dar, corre, corre!-Exclamó Franziska apremiándolo cien metros más adelante.
-¡Ya voy, ya voy, maldita sea!-Gritó mientras corría exhausto por todo el peso que estaba cargando. Un minuto. Aceleró el ritmo, pero las piernas le iban fallando poco a poco, a cada paso que daba, su fuerza iba mermándose, a pesar de su excelente preparación física. Treinta segundos. Veinte. Diez. Nueve, ocho... Oyó la explosión, y a continuación, el vítor de la joven artillera, seguido de las carcajadas de ésta. La onda expansiva pareció ser un muro de piedra que se movía, pues tal fue la fuerza de la bomba, que tiró a Darren al suelo, junto a los apreciados rifles de descarga.
-Oye, Hesper, ¿qué era lo que anotaste en la bomba?-Preguntó Franziska acercándose a ayudar a su compañero a levantarse y a recoger los rifles.
-“Bum”-Aclaró la artillera acercándose con los patines a recoger también los francotiradores.
-Muy ingeniosa.-Satirizó Darren mientras volvía a cargar con la pesada caja.-Larguémonos, en nada llegarán los policías.-Advirtió mientras ya se empezaban a oír cómo los coches se iban acercando y avistaba cómo la gente a lo lejos empezaba a despertarse sobresaltada por culpa del estruendo. Empezaron a oír cómo los helicópteros de la SICG se acercaban, a ver lo sucedido. Darren echó una última ojeada a la antes enorme estructura, ahora mismo convertida en un amasijo de hierros derretida a causa de la explosión que la hizo volar por los aires.
----
Relato por Drazharm.
sábado, 10 de enero de 2009
Bienvenidos a SICG
Año dos mil treinta y uno, la Santa Iglesia Cristiana Gobernadora o SICG se ha hecho con el control total de la Tierra. La represión religiosa es cada vez más cruenta y dura, al igual que la censura se va recrudeciendo poco a poco, devolviendo a la humanidad a prácticamente la Edad Media, pero sin monarcas ni reinos, sólo bajo el yugo de la SICG como gobernantes. Sus inquisidores, hombres equivalentes a los supersoldados estadounidenses, mutados con la ciencia y la tecnología, irónicamente censurados para el beneficio de los gobernantes y sus hombres. Junto a esto, se le suman las desapariciones de gente joven, chicos y chicas de edades comprendidas entre los catorce y los dieciocho años, quienes, tras salir de los procesos de pruebas y mutación, salen completamente locos de atar, siendo poco más que un arma de destrucción masiva, dependiendo de sus mutaciones. Siempre se puede distinguir a uno de estos inquisidores, no sólo por sus uniformes, sino por los cambios físicos que sufren al resultar torturados y mutados.
Entre tanto caos, se empieza a rumorear que existe cierta orden de rebelión que lucha contra todo ese sistema de gobierno, cuyo líder es completamente desconocido, y su apariencia, totalmente un misterio, pues nunca se descubre, ni siquiera delante de sus propios aliados u hombres de confianza. No se sabe ni la metodología que utilizan sus miembros ni sus nombres ni apariencias, sólo que cuentan con talentos increíbles para su edad, pues son muy jóvenes, ya que los procesos de mutación no surten efecto ante personas con una edad superior a los veinte años, ya que ya alcanzaron la suficiente madurez como para poder seguir creciendo.
Ficha:
Nombre:
Sexo:
Edad: (Si va a tener algún poder de mutación, edad comprendida entre los 15 y los 20)
Habilidades: Poned aquí alguna habilidad destacable que tenga, no sé, por ejemplo, si se le dan muy bien las palabras, pues entonces, poned aquí que es un hombre carismático, etc.
Físico:
Personalidad:
Poderes: (si los tiene, máximo dos)
Posición que ocupa en la rebelión: (Cargos disponibles: Infiltrado, ingeniero, artillero, explorador, hacker, médico y fusilero)
Historia:
Normas:
-Esto NO lo vamos a publicar. Los que crean que es un proyecto serio para demostrar que son sucesores de Tolkien, que se abstengan. Esto es un juego, algo que debe divertirnos, no un concurso para ver quién es más pro.
-Esto no es rol. Eso significa que NADA de colores en los diálogos, se escribe en tercera persona y se utilizan los personajes de todos, no sólo el tuyo.
-No somos indestructibles
-No somos indestructibles. No vamos a demostrar que nuestro personaje es el mejor de todos y que revienta mundos con estornudos. Los personajes intocables pierden mucho encanto. Podemos hacerlos fuertes y poderosos, pero no indestructibles.
-Un poco de constancia, plis ^^U
-Lo de los personajes alguna vez me ha pasado que no lo han entendido, así que lo explico más largamente por si hay alguien que no le cuadre usar los de todos: aquí tú te haces un personaje, pero los demás también. Como al principio no sabemos muy bien cómo es el personaje del vecino, es normal equivocarse en sus acciones, no pasa nada ^^. Para ello los perfiles son públicos y abiertos, para que cuando no sepas cómo hacer o te falte un dato, recurras a él y puedas usarlo mejor. En vez de poner sólo lo que haría tu personaje y esperar a que los demás te contesten, como se hace en rol, aquí lo haces tú todo. Lo dicho, no es malo equivocarse al principio, todo lo contrario: a la segunda o tercera vez ya los manejas como si fuesen tuyos
-Físico: Si es mutado, se le debe notar en su aspecto, en mayor o menor medida (no tiene por qué ser que se le caiga un ojo y babee, pero que sea, por ejemplo, más alto de lo normal, de un color de piel extraño o, si es el caso porque queréis que vuestro personaje sea así, sí, que babee y se le caiga un ojo. La cosa es que no estar mutado no conlleva necesariamente a ser repulsivo, pero sí que tienes el caso porque queréis que vuestro personaje sea así, sí, que babee y se le caiga un ojo. La cosa es que no estar mutado no conlleva necesariamente a ser repulsivo, pero sí que tiene cosas diferentes )
Entre tanto caos, se empieza a rumorear que existe cierta orden de rebelión que lucha contra todo ese sistema de gobierno, cuyo líder es completamente desconocido, y su apariencia, totalmente un misterio, pues nunca se descubre, ni siquiera delante de sus propios aliados u hombres de confianza. No se sabe ni la metodología que utilizan sus miembros ni sus nombres ni apariencias, sólo que cuentan con talentos increíbles para su edad, pues son muy jóvenes, ya que los procesos de mutación no surten efecto ante personas con una edad superior a los veinte años, ya que ya alcanzaron la suficiente madurez como para poder seguir creciendo.
Ficha:
Nombre:
Sexo:
Edad: (Si va a tener algún poder de mutación, edad comprendida entre los 15 y los 20)
Habilidades: Poned aquí alguna habilidad destacable que tenga, no sé, por ejemplo, si se le dan muy bien las palabras, pues entonces, poned aquí que es un hombre carismático, etc.
Físico:
Personalidad:
Poderes: (si los tiene, máximo dos)
Posición que ocupa en la rebelión: (Cargos disponibles: Infiltrado, ingeniero, artillero, explorador, hacker, médico y fusilero)
Historia:
Normas:
-Esto NO lo vamos a publicar. Los que crean que es un proyecto serio para demostrar que son sucesores de Tolkien, que se abstengan. Esto es un juego, algo que debe divertirnos, no un concurso para ver quién es más pro.
-Esto no es rol. Eso significa que NADA de colores en los diálogos, se escribe en tercera persona y se utilizan los personajes de todos, no sólo el tuyo.
-No somos indestructibles
-No somos indestructibles. No vamos a demostrar que nuestro personaje es el mejor de todos y que revienta mundos con estornudos. Los personajes intocables pierden mucho encanto. Podemos hacerlos fuertes y poderosos, pero no indestructibles.
-Un poco de constancia, plis ^^U
-Lo de los personajes alguna vez me ha pasado que no lo han entendido, así que lo explico más largamente por si hay alguien que no le cuadre usar los de todos: aquí tú te haces un personaje, pero los demás también. Como al principio no sabemos muy bien cómo es el personaje del vecino, es normal equivocarse en sus acciones, no pasa nada ^^. Para ello los perfiles son públicos y abiertos, para que cuando no sepas cómo hacer o te falte un dato, recurras a él y puedas usarlo mejor. En vez de poner sólo lo que haría tu personaje y esperar a que los demás te contesten, como se hace en rol, aquí lo haces tú todo. Lo dicho, no es malo equivocarse al principio, todo lo contrario: a la segunda o tercera vez ya los manejas como si fuesen tuyos
-Físico: Si es mutado, se le debe notar en su aspecto, en mayor o menor medida (no tiene por qué ser que se le caiga un ojo y babee, pero que sea, por ejemplo, más alto de lo normal, de un color de piel extraño o, si es el caso porque queréis que vuestro personaje sea así, sí, que babee y se le caiga un ojo. La cosa es que no estar mutado no conlleva necesariamente a ser repulsivo, pero sí que tienes el caso porque queréis que vuestro personaje sea así, sí, que babee y se le caiga un ojo. La cosa es que no estar mutado no conlleva necesariamente a ser repulsivo, pero sí que tiene cosas diferentes )
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
